Los síntomas pueden aparecer de la nada. Náuseas, fatiga extrema, mareos, o una sensación de malestar general. Es una lista que cualquier mujer embarazada en República Dominicana reconocería al instante. Sin embargo, lo que muchos no saben es que estos síntomas también los experimentan los futuros papás mientras esperan la llegada del bebé. ¿Por qué ocurre? Se trata del síndrome de Couvade, una afección poco conocida pero muy real.
«La mejor forma de describirlo es como un embarazo por empatía», explica la doctora Catherine Caponero, obstetra-ginecóloga de la Clínica Cleveland. «Básicamente, ocurre cuando uno de los miembros de la pareja presenta síntomas de gestación a pesar de no estar biológicamente en estado».
Cada vez hay más estudios que revelan que este síndrome es más común de lo que se pensaba, lo que está obligando a la ciencia a reconsiderar cómo la espera de un hijo impacta profundamente en ambos padres.
Un fenómeno real pero sin diagnóstico oficial
El síndrome de Couvade puede afectar a futuros padres, parejas del mismo sexo e incluso a abuelas que conviven con la embarazada y participan activamente en el proceso, según apunta Caponero.
Los síntomas varían desde antojos y cambios de humor hasta dolores de espalda, náuseas y aumento de peso. Suelen manifestarse con mayor fuerza durante el primer y tercer trimestre, desapareciendo al momento de dar a luz. Debido a que no existe una definición médica única, las estadísticas varían: algunos estudios indican que hasta el 59% de los padres en países con culturas similares a la nuestra han reportado haber sentido estos síntomas.

A pesar de ser tan común, este síndrome no está clasificado oficialmente como una enfermedad en los manuales de psicología o medicina. Ronald Levant, profesor emérito de la Universidad de Akron, explica que, aunque es un fenómeno multifactorial que involucra componentes biológicos y psicológicos, sigue siendo un misterio para la medicina moderna.
De rituales antiguos a la ciencia moderna
La palabra Couvade proviene del francés couver, que significa incubar. Antiguamente, en diversas culturas, los hombres realizaban rituales donde fingían dolores de parto o se acostaban en la cama al nacer el bebé. Aunque en aquel entonces estos actos eran vistos como algo exótico o incluso motivo de burla, hoy la ciencia lo analiza desde una perspectiva diferente: la conexión profunda y la empatía.

La mayoría de los especialistas concuerdan en que es una respuesta al gran estrés y la transformación que significa convertirse en padre o madre. El miedo a lo desconocido, los cambios en la logística familiar y las nuevas responsabilidades pueden manifestarse físicamente.
Mucho más que simple empatía
Estudios recientes sugieren que hay cambios hormonales reales en los padres. Investigaciones han demostrado que los hombres pueden experimentar descensos en niveles de testosterona y otras hormonas, lo cual podría estar diseñado biológicamente para fomentar el instinto de cuidado y protección hacia el recién nacido.

Incluso, estudios neurológicos han revelado que el cerebro del padre también cambia tras el nacimiento, reduciendo materia gris en ciertas áreas para optimizar la capacidad de vincularse afectivamente con el bebé.
En lugar de ver estos síntomas como algo extraño, los expertos invitan a los padres dominicanos a normalizar su sentir. Es válido experimentar ansiedad, tensión o malestar físico ante la gran responsabilidad de la paternidad. No es debilidad, es el cuerpo adaptándose a una de las etapas más importantes de la vida: ser papá.
























