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El empresario Ali al Zaidi ha hecho historia al convertirse este jueves en el nuevo primer ministro de Irak, poniendo fin a una crisis política de seis meses tras las elecciones de noviembre de 2025. Su ascenso al poder marca un giro radical en el panorama geopolítico de Oriente Medio.
Con apenas 40 años, Al Zaidi es el primer ministro más joven en la historia reciente de Irak. Su nombramiento, junto a un gabinete de 14 ministros, cierra un ciclo de intensas disputas entre los bloques parlamentarios surgidos tras los comicios del 11 de noviembre de 2025.
Su designación es una apuesta estratégica por el tecnocratismo: un empresario sin pasado en cargos públicos, cuya trayectoria en el sector privado le ha valido el respaldo necesario para actuar como mediador clave entre Washington y Teherán.
Esta elección se percibe como una revolución generacional, desplazando a las élites tradicionales de la posguerra y dando paso a un liderazgo técnico y pragmático.
Nacido en 1986 en Bagdad, Al Zaidi posee una sólida formación académica en Derecho, Finanzas y Banca. Aunque es miembro del Colegio de Abogados, nunca formó parte de la maquinaria estatal, consolidando su reputación fuera de la política convencional.
Su éxito empresarial es indiscutible: presidió el influyente conglomerado Al Watania Holding Group y dirigió el banco islámico Al Janoob, consolidándose como un peso pesado en las finanzas iraquíes antes de dar el salto al Ejecutivo.
Su experiencia abarca también la gestión en la Universidad Al Shaab y el Instituto Médico Ishtar, sectores vitales donde demostró su capacidad para diversificar la economía iraquí lejos de la influencia partidista.
Hasta hace poco, Al Zaidi era una figura desconocida para el público, ajeno a los acuerdos de pasillo y sin etiquetas políticas que lo condicionaran.
El Marco de Coordinación, bloque chií mayoritario, lo seleccionó como el candidato de consenso definitivo, logrando superar el veto estadounidense a otros nombres y forzando una solución de unidad nacional.
El respaldo transversal de bloques suníes y kurdos a su candidatura es un fenómeno inusual que podría marcar un antes y un después en la estabilidad de Irak.
Su llegada al poder ocurre bajo una enorme presión internacional, especialmente tras las advertencias de la Administración Trump sobre la necesidad de un liderazgo independiente frente a la influencia iraní.
El nuevo primer ministro asume el control en un momento crítico: debe gestionar el desarme de milicias, restaurar lazos diplomáticos con el Golfo tras el conflicto regional y blindar la economía nacional frente a la crisis en el estrecho de Ormuz que bloquea sus exportaciones petroleras.
Con cinco ministerios aún pendientes de asignación, el Gobierno de Al Zaidi promete inyectar pragmatismo y orden en un país que busca desesperadamente superar sus divisiones sectarias y alcanzar la prosperidad económica.























