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En un ambiente de profundo dolor y consternación, familiares y allegados despiden los restos de Esmeralda Moronta, la joven pastelera de 36 años víctima de un trágico feminicidio este miércoles a manos de su expareja en el sector Alma Rosa. La familia atraviesa este momento de luto absoluto solicitando privacidad ante la irreparable pérdida que ha conmovido a toda la República Dominicana.
El velatorio se desarrolla en la Funeraria Municipal de Los Girasoles, en el Distrito Nacional, donde amigos y vecinos se han reunido para ofrecer sus condolencias. Entre lágrimas, los seres queridos de la emprendedora dominicana han pedido respeto y discreción, evitando la exposición mediática mientras intentan asimilar este crimen que ha sacudido a la sociedad.
El caso de Esmeralda es un golpe directo a la seguridad de las mujeres en el país. El feminicidio ocurrió horas después de que ella buscara protección en la fiscalía, denunciando el constante acoso y la persecución de su verdugo, quien finalmente le arrebató la vida antes de suicidarse. Este suceso pone en evidencia las fallas en el sistema de protección a víctimas de violencia de género.
La comunidad de Alma Rosa llora la partida de quien fuera un símbolo de trabajo y alegría. Esmeralda no solo era una pastelera talentosa, sino una mujer luchadora, descrita por sus vecinos como un ser humano excepcional cuya vida fue cegada por la violencia machista que sigue cobrando vidas en el país.
Los familiares confirmaron que el sepelio tendrá lugar este viernes en el Cementerio Cristo Redentor. Será el último adiós a una mujer que hoy se convierte en otro rostro de la indignación nacional, en medio de un clamor generalizado por justicia y seguridad para las mujeres dominicanas.
Con este feminicidio, ya suman más de 30 los casos registrados en lo que va de año en territorio dominicano. La alarmante cifra de asesinatos mantiene al país en vilo y ha disparado las alertas sobre la urgencia de fortalecer los mecanismos de prevención estatal que eviten que más mujeres sigan siendo víctimas de la violencia.
Diversos sectores de la vida pública y social exigen respuestas claras y leyes más severas. Legisladores y activistas advierten que la actual crisis de seguridad para las mujeres representa una deuda pendiente, señalando que la falta de eficacia tras una denuncia es un factor de riesgo mortal que debe ser corregido de inmediato por las autoridades.
El debate sobre la efectividad de las órdenes de protección y el seguimiento a las denuncias vuelve a estar sobre la mesa. Especialistas en violencia intrafamiliar insisten en que el Estado debe garantizar medidas reales de protección para que las mujeres no queden desamparadas después de alzar su voz contra sus agresores.
Mientras tanto, en Alma Rosa, el legado de Esmeralda perdura a través de los recuerdos de quienes admiraron su dedicación y su noble espíritu. Su partida deja un vacío inmenso en la comunidad, que hoy se une en una sola voz para exigir el fin de la violencia contra la mujer en la República Dominicana.























