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Washington.- El recién nombrado obispo de la diócesis de Wheeling‑Charleston, el salvadoreño Evelio Menjívar, es un ejemplo de superación tras vivir la experiencia de cruzar la frontera oculto en el maletero de un coche, esquivar coyotes y enfrentar los retos de ser indocumentado en una nación marcada por el intenso debate migratorio bajo la administración Trump.
Tres décadas después de huir de la guerra civil en El Salvador, este líder religioso asume su misión pastoral en Virginia Occidental, un bastión conservador, justo en medio de la compleja relación diplomática entre el Vaticano y la Casa Blanca por temas de política migratoria y seguridad global.
Del maletero de un coche al obispado: una historia de fe
Creciendo en medio del conflicto salvadoreño, Menjívar vio en la migración un acto de supervivencia ante el reclutamiento forzoso. Su travesía no fue sencilla; tras intentos fallidos y un paso por cárceles fronterizas, logró su objetivo: llegar a Estados Unidos escondido, una vivencia que define su actual visión humanitaria.
Tras establecerse en Los Ángeles, su tenacidad lo llevó a obtener la ciudadanía estadounidense en 2006, transformando su estatus de migrante en una vocación religiosa que hoy lo posiciona como un referente histórico en la jerarquía católica.
Defensor de la dignidad humana ante la polarización política
A sus 56 años, Menjívar se convierte en el primer obispo salvadoreño en un estado de mayoría conservadora, asumiendo el reto de liderar en un clima político dividido. Lejos de verlo como una provocación política, el obispo sostiene que su nombramiento refleja la visión misionera del Papa, enfocada en la cercanía y el servicio comunitario.
Sobre las posibles fricciones políticas, Menjívar es contundente: prefiere ser reconocido como un defensor de la dignidad humana. Asegura que su postura es independiente de quien ocupe el poder, enfocándose siempre en proteger al más vulnerable.
Apuesta por el diálogo entre el Vaticano y Estados Unidos
El obispo valora los recientes puentes de diálogo tendidos por el Vaticano, subrayando que la unidad es fundamental para evitar la fractura social. Su enfoque es claro: promover la acogida y la protección, principios que la Iglesia Católica impulsa ante la crisis migratoria mundial.
Una Iglesia que integra al migrante
Con la mirada puesta en el futuro, Menjívar busca integrar a su comunidad sin prejuicios. Su mensaje es inspirador para miles de migrantes: tu historia no se define solo por cómo llegaste, sino por el valor de tu vida. Para él, llegar en un maletero, con visa o en avión son solo capítulos, pero no la esencia de la persona, un llamado a la empatía en una sociedad que busca reconciliarse.























