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Ernesto Hernández Norzagaray/Latinoamérica21
El Informe sobre la Democracia 2026 del V-Dem Institute, un análisis académico global coordinado por la Universidad de Gotemburgo que mide la calidad democrática, alerta que el sistema político mexicano ha pasado de ser una democracia liberal a una “autocracia electoral”. Este duro diagnóstico llega en un momento crítico para el gobierno de Claudia Sheinbaum, bajo presión por la administración de Donald Trump y ante los comicios clave del 6 de junio de 2027 en México.
Es inminente que Donald Trump utilice este informe para reforzar su narrativa sobre un presunto “narcoestado” en México, cuestionando la estrategia de seguridad de la presidenta Sheinbaum frente al crimen organizado.
La crisis interna también escala: aunque el oficialismo presume una aprobación superior al 70%, la coalición de Morena con el PVEM y el PT presenta fracturas profundas. Una comisión interna intentó imponer una reforma constitucional para concentrar poder, ignorando los intereses de sus propios aliados y generando un rechazo frontal en el Congreso.
El denominado Plan A de la reforma electoral, que buscaba cambiar las reglas del financiamiento y representación política, fracasó al no contar con el apoyo ni de la oposición ni de los socios de Morena. Esto provocó tensiones internas que solo se calmaron parcialmente con el Plan B, una versión modificada que no logró convencer al Partido del Trabajo.
Sin los votos del PT, alcanzar la mayoría calificada para cambios constitucionales es una misión imposible. Esto ha obligado a postergar la revocación de mandato hasta 2028, separándola de las elecciones de 2027 y eliminando la injerencia de los partidos políticos.
La consulta de revocación será el examen final para el liderazgo de Sheinbaum. Si la presidenta pierde el apoyo de más del 40% de los votantes, se vería obligada a dejar el cargo, lo que representaría un colapso político para el llamado segundo piso de la 4T.
Un escenario de derrota pondría en evidencia que el respaldo popular es más frágil de lo que proyectan las encuestas y que el partido carece del arraigo profundo que presume, revelando que el proyecto oficialista podría depender más de estrategias mediáticas que de una base real.
La exclusión de sus aliados en la toma de decisiones legislativas fue un error de cálculo táctico que pudo ser orquestado para mantener a Sheinbaum bajo la influencia del expresidente López Obrador.
El triple desafío de la presidenta ahora es claro: reconstruir la coalición Sigamos Haciendo Historia, asegurar la unidad para 2027 y preparar el terreno para una consulta de revocación que definirá su supervivencia política.
Los aliados han demostrado que Morena no tiene la fuerza necesaria sin sus votos, y esta nueva realidad política obligará a una renegociación constante de candidaturas para la Cámara de Diputados y las gubernaturas en juego en junio de 2027.
El panorama electoral es incierto: no se descartan alianzas inusuales entre partidos aliados y la oposición tradicional, lo que genera nerviosismo en Palacio Nacional tras haber abierto una caja de Pandora en su relación con el PVEM y el PT.
Independientemente de lo que ocurra en 2027, el mapa político mexicano sufrirá una transformación radical, marcando el fin de la hegemonía absoluta vista en 2024.
No obstante, estos resultados no bastarán para limpiar la imagen de “autocracia electoral” señalada por los expertos internacionales. Revertir esta etiqueta requiere mayorías calificadas que, por el calendario electoral, no estarán en juego hasta 2030, exigiendo acuerdos legislativos que hoy parecen inalcanzables.
En conclusión, la gran coalición del obradorismo ha perdido su fuerza original. El desgaste exige renovar pactos no solo con sus aliados, sino también con la oposición, especialmente en un contexto de negociación del T-MEC y la constante presión de Donald Trump sobre los vínculos del oficialismo con el crimen organizado.























