Una remontada épica y de leyenda. Los New York Knicks protagonizaron un regreso que quedará marcado en los libros de la NBA tras un cierre de infarto.
El sueño de los Knicks por conquistar el anillo está a un paso de hacerse realidad, y la victoria de este miércoles frente a los San Antonio Spurs fue sencillamente inolvidable.
Con una remontada histórica de 29 puntos, los neoyorquinos se pusieron a un triunfo de su primer campeonato desde 1973, sellando un 107-106 agónico gracias a un canastazo de OG Anunoby faltando apenas 1.2 segundos en el reloj.
“Ese tiene que ser el tiro más emblemático en la historia del baloncesto de Nueva York”, aseguró el coach de los Knicks, Mike Brown.
La jugada ya es viral: el triple de Jalen Brunson rebotó en el aro y Anunoby, con unos reflejos de otro planeta, extendió su mano para corregir el balón y hacerlo entrar, desatando la locura total.
“Es un regalo de Dios”, expresó emocionado Karl-Anthony Towns, la figura dominicana bajo los tableros.
Los Knicks, que no llegaban a unas Finales desde 1999, dominan la serie 3-1 y buscarán sentenciar el título este sábado en San Antonio.
El panorama lucía imposible al medio tiempo, con los Spurs dominando por 27 puntos. Sin embargo, el liderazgo de Brunson con 36 puntos y la determinación de Anunoby con 33 le cambiaron la cara al partido.
Una demostración de garra pura en estos playoffs.
Ningún equipo había remontado un déficit tan amplio en unas Finales desde que se llevan registros detallados en 1997. Los Spurs llegaron a ganar 81-52 en el tercer cuarto, pero se desmoronaron ante la presión.
“Somos un grupo resiliente. Hemos superado muchas adversidades”, dijo Anunoby tras el encuentro. “Simplemente perseveramos, aguantamos la tormenta y mantuvimos la calma”.
Solo existe una remontada mayor en la historia de los playoffs, la de los Clippers en 2019, pero la del Madison Square Garden tendrá un sabor especial por la magnitud de las Finales.
“Cuando vas perdiendo por 29, solo piensas en recortar distancia poco a poco”, confesó el alero Josh Hart. “En el último cuarto, te das cuenta de que es el momento de ganar. Cualquier cosa puede pasar”.
Y así fue.
Los Spurs empezaron imparables, pero su puntería desapareció cuando más la necesitaban.
Tras un inicio arrollador de Victor Wembanyama, los Spurs se enfriaron drásticamente, anotando apenas 3 de 17 intentos de tres puntos en la segunda mitad, mientras los Knicks dominaban la pintura con un parcial de 58-30.
“Nos vimos obligados a retroceder y fallamos tiros clave”, admitió el estratega de los Spurs, Mitch Johnson.
La fanaticada en el Madison Square Garden explotó al ritmo de Journey, celebrando una hazaña que parecía imposible minutos antes.
Wembanyama terminó con 24 puntos y 13 rebotes, pero su efectividad de 9-25 en tiros de campo terminó pesando en contra de San Antonio.
Históricamente, los equipos visitantes habían dominado esta serie, pero los Knicks se encargaron de cancelar la fiesta prematura de los texanos.
Aunque polémicas logísticas rodearon al estadio, nada pudo frenar el hambre de victoria de un equipo que se ha convertido en la sensación del momento.
Dentro de la duela, los Knicks demostraron por qué son contendientes al título: en el tercer periodo limitaron a San Antonio a solo 14 puntos y montaron un rally de 13-0 que cambió el destino del juego.
Estos Knicks no saben rendirse. Incluso cuando parecía todo perdido, mantuvieron la fe hasta el último segundo.
Por los Spurs, Dylan Harper sumó 21 puntos, mientras que De’Aaron Fox y Devin Vassell aportaron 18 cada uno, intentando forzar un sexto juego que ahora parece una cuesta arriba difícil de escalar.
“No puedo explicarlo bien ahora mismo. Claramente nos faltó hambre de victoria en la segunda mitad”, admitió Wembanyama.
La tensión fue máxima durante todo el duelo, con faltas flagrantes y una intensidad defensiva que rozó el límite. Wembanyama fue el blanco de la presión, fallando dos tiros libres cruciales a falta de 1:47 que pudieron haber cambiado el resultado.
Los Spurs dominaron el inicio con un 41-22 en el primer cuarto, pero terminaron sucumbiendo ante la mística de un equipo que está a un paso de la gloria eterna.























