Este lunes se cumplen cien años del nacimiento de Norma Jean Mortenson, mundialmente recordada como Marilyn Monroe, la legendaria diva del cine y sex symbol que marcó un antes y un después en Hollywood. Sin embargo, su imagen pública poco tenía que ver con la realidad: una mujer marcada por una infancia difícil, luchas contra la depresión y graves adicciones.
Monroe falleció a los 36 años, el 5 de agosto de 1962. En su momento, los informes forenses determinaron que su muerte fue causada por una sobredosis de medicamentos, ya sea por accidente o suicidio, un desenlace que lamentablemente parecía previsible dada su profunda inestabilidad emocional.
Sus últimos meses fueron un reflejo de extrema fragilidad; prácticamente recluida en su hogar, dependía del alcohol y fármacos que ya la habían puesto en riesgo en reiteradas ocasiones. Detrás del glamour, arrastraba el trauma de una infancia difícil y la presión asfixiante de ser la mujer más famosa del planeta.
Un estudio reciente de la revista Clinical Neuropsychiatry reveló que Monroe sufría trastorno bipolar (maníaco-depresiva), además de cuadros severos de ansiedad, insomnio y conductas autolesivas.
De Norma Jean a la leyenda Marilyn
Nacida el 1 de junio de 1926 en Los Ángeles, su historia comenzó entre sombras: hija de una madre con graves problemas mentales, creció en hogares de acogida e instituciones donde, según testimonios, fue víctima de abusos sexuales.
Buscando una salida, se casó el 19 de junio de 1942, apenas cumplidos los 16 años, con Jim Dougherty, un trabajador de la industria aeronáutica. Aquel matrimonio, un intento desesperado por escapar de la vida en orfanatos, solo duró cuatro años.
Tras el divorcio, empezó a destacar como modelo de bañadores, consolidando esa imagen de inocencia y sensualidad que obsesionó a todo Hollywood.
Tras ser descubierta por Howard Hughes, no tardó en captar la atención de la 20th Century-Fox, donde firmó su primer contrato profesional por 125 dólares semanales.
Fue entonces cuando nació el mito: Marilyn Monroe, combinando el apellido de su madre con el nombre de la actriz Marilyn Miller. En 1949, posó para una sesión fotográfica que años más tarde terminaría en la revista Playboy, justo cuando iniciaba su mediático romance con el ídolo del béisbol Joe DiMaggio.
Se casaron en 1954, en pleno apogeo de éxitos como ‘Niagara’ y ‘Los caballeros las prefieren rubias’, aunque el matrimonio se desmoronó en menos de un año.
La fama de estrella rebelde
Su carrera siguió ascendiendo con ‘La tentación vive arriba’ (1955), donde protagonizó la icónica escena del vestido blanco que la inmortalizó en la cultura popular.
Marilyn Monroe dejó un vacío imborrable al fallecer a los 36 años en 1962.
Sin embargo, su comportamiento en los rodajes comenzó a ser motivo de escándalo. Las llegadas tarde, sus ausencias por enfermedades misteriosas y su fama de difícil empezaron a eclipsar su talento, mientras los rumores sobre sus romances con personalidades poderosas ocupaban las portadas.
Pese a todo, ella luchó por demostrar su valía como actriz seria en ‘Bus Stop’ (1956), coincidiendo con su matrimonio con el dramaturgo Arthur Miller, con quien encontró un periodo de relativa calma.
Grabaciones recientemente reveladas muestran a un Miller describiéndola como una mujer “brillante”, “divertida” y “generosa”, pero profundamente afectada por la “paranoia” y el miedo a ser utilizada por quienes la rodeaban.
Rodó la inolvidable ‘Con faldas y a lo loco’ (1959) y más tarde ‘Vidas rebeldes’, su último filme, un rodaje marcado por el caos, agotamiento físico y problemas de salud que obligaron a su hospitalización.
Su último proyecto, ‘Something’s Got to Give’, quedó incompleto debido a sus constantes ausencias. Poco después, su viaje a Nueva York para cantarle el famoso ‘Happy Birthday’ al presidente John F. Kennedy marcaría su última gran aparición pública. Tres meses después, el mundo perdería a su leyenda más brillante.























