La muerte es un proceso lleno de misterios que a veces nos deja atónitos. Uno de los sucesos más impactantes es cuando un paciente terminal, que parecía no tener salida, muestra una recuperación repentina y sorprendente antes de partir.
En la cultura dominicana es común escuchar la frase popular: «Todo el que se alienta se va a morir». Aunque para muchas familias este momento trae una mezcla de esperanza y desconcierto, la ciencia tiene una respuesta para este fenómeno que parece sacado de una película.
La historia de Luz Patria ilustra lo que muchos han vivido. A sus 72 años, tras ser diagnosticada con un tumor cerebral y recibir cuidados paliativos, su cuerpo comenzó a apagarse. Durante un mes, sus hijos la cuidaron esperando el desenlace, hasta que ocurrió lo impensable.
Una mañana, Luz abrió los ojos con una vitalidad asombrosa. Volvió a ser la mujer alegre de siempre, compartió abrazos y repartió mensajes de amor con una lucidez que parecía imposible. La familia, por unas horas, sintió que el milagro había llegado.
Neuróloga Sorivel Álvarez Lassis.
Lamentablemente, al día siguiente su estado empeoró y falleció en la madrugada. Ella era mi abuela, y su caso es un ejemplo de lo que la medicina denomina lucidez terminal, uno de los fenómenos neurológicos más fascinantes y menos comprendidos hasta hoy.
La neuróloga Sorivel Álvarez Lassis explica que la lucidez terminal consiste en esa recuperación transitoria de la claridad mental en personas que sufren de deterioro cognitivo severo o enfermedades terminales avanzadas, poco antes del fallecimiento.
Este episodio suele presentarse en pacientes con Alzheimer, demencia, tumores cerebrales o enfermedades crónicas complejas, dejando a los médicos y familiares sin una explicación científica definitiva, pero con una lección de vida profunda.
Lo que hace que este fenómeno sea tan impactante, señala la especialista, es el cambio drástico en el paciente: vuelven a reconocer a sus seres queridos y mantienen conversaciones coherentes, algo que se consideraba perdido hace tiempo. No es una cura, es un episodio transitorio dentro del ciclo natural de la vida.
Entre las señales principales destacan el reconocimiento súbito de familiares, la mejora del estado de ánimo y la capacidad de comunicarse con claridad después de meses de silencio.
La experta, quien brinda servicios en Cemer Clínic, Neurodiagnóstica del Este y el Hospital Central Romana, indica que esta mejoría es breve: desde unos minutos hasta un par de días, pero el desenlace suele ocurrir apenas una semana después.
Para las familias, este momento es un arma de doble filo. Aunque muchos lo viven como una oportunidad de oro para despedirse, otros pueden sufrir una fuerte confusión emocional. Por eso, el acompañamiento psicológico y el apoyo médico son fundamentales en esta etapa final.
La recomendación de la doctora Álvarez es abrazar ese momento de conexión humana. Aceptar la lucidez terminal como parte natural del proceso final, convirtiendo ese instante en un recuerdo significativo que ayude a sanar el duelo.
La ciencia aún busca entender cómo el cerebro logra estos destellos de consciencia cuando el cuerpo está tan deteriorado. La lucidez terminal sigue siendo un misterio que nos invita a reflexionar sobre la increíble capacidad de nuestra mente y el valor de los momentos finales con quienes amamos.























