
En la República Dominicana, una generación de mujeres extraordinarias desafía al tiempo. A pesar de haber crecido en una época marcada por prejuicios y un sistema patriarcal, estas dominicanas no solo han superado las expectativas de vida, sino que han dejado una huella imborrable en nuestra sociedad con su fuerza y determinación.
Entre estas historias de superación destacan mujeres admirables como doña Fredesvinda Sabino Reyes, con cien años; Amantina Batista, de 95; Marcelina Dionisio viuda Ruiz, de 94; Teodora Capellán viuda Marmolejos y Flor Pérez Sánchez de Medina, de 93; Teresa (Mamín) Roche viuda Tavárez, de 92; y Beatriz Montero y Rivas, de 90 años.
Datos del X Censo Nacional de Población y Vivienda de la ONE confirman que en el país existen 64 mil mujeres de 85 años en adelante. De ese selecto grupo, se estima que entre 18 mil y 20 mil ciudadanas superan los 90 años, manteniéndose activas, lúcidas y llenas de vida, un verdadero orgullo para nuestra identidad nacional.
Sus trayectorias demuestran cómo estas mujeres enfrentaron los obstáculos desde la niñez con un discernimiento envidiable. Esa fortaleza mental les permitió transformar su entorno y convertirse en pilares fundamentales de sus comunidades y familias.
Estas madres exitosas tienen en común haber vencido las limitaciones sociales y económicas de su época. Apostaron por la educación y el trabajo, entendiendo que el conocimiento es la llave para alcanzar la independencia y el crecimiento personal que hoy las define como ejemplo a seguir.
Al formar sus hogares, impusieron el respeto como condición innegociable. Aquellas que asumieron la crianza solas lo hicieron con una responsabilidad ejemplar, inculcando valores de dignidad y autonomía a sus hijos. Su legado se extiende hoy a través de importantes aportes en la educación, la moda, la agricultura, la psicología, la salud y la cultura dominicana.
Fredesvinda Sabino
Doña Fredy, nacida el 8 de septiembre de 1925 en Mata Palacio, Hato Mayor, es el rostro de la resiliencia. Con cien años, sorprende a todos manejando tecnología y manteniéndose al tanto de la actualidad. Como modista estrella en la fábrica Gualco, su talento para crear trajes de gala marcó una época. Es una orgullosa madre, abuela, bisabuela y tatarabuela.
Amantina Batista
A sus 95 años, esta dama de Las Matas de Farfán es un referente de la estadística en el país. Voraz lectora y escritora, destaca por su excelente salud y su espíritu alegre. Es una activa integrante de su comunidad parroquial y un ejemplo de cómo la bondad preserva el alma.
Marcelina Dionisio viuda Ruiz
Nacida en San Cristóbal, doña Marcelina es una historia de superación pura. Empezó a trabajar a los diez años, pero su sed de aprender la llevó a alfabetizarse por cuenta propia. Hoy, a sus 94 años, es la matriarca respetada de una numerosa y unida descendencia.
Teresa (Mamín) Roche viuda Tavárez
Oriunda de Ramón Santana, Mamín es reconocida por su gran corazón. Aunque no tuvo hijos biológicos, dedicó su vida a criar a sus sobrinos con amor maternal. Su vida es una lección de empatía y solidaridad en un mundo que ella siente que ha perdido la calidez humana de antes.
Teodora Capellán viuda Marmolejos
Doña Teo, de 93 años, es una leyenda del orgullo dominicano. Esposa del histórico dirigente obrero Fillo Marmolejos, fue la guía de una familia de luchadores, incluyendo a Nélsida Marmolejos, la primera mujer dirigente sindical a nivel mundial. Su legado es un pilar fundamental en la historia social del país.
Flor Pérez Sánchez de Medina
Con 93 años y una trayectoria empresarial sólida, doña Flor representa la laboriosidad de la mujer dominicana. Junto a su esposo por 65 años, ha construido un camino de trabajo constante y fe, siendo clave en la fundación de importantes espacios comunitarios y religiosos.
Beatriz Montero y Rivas
Maestra, psicóloga y poeta, doña Beatriz es una intelectual brillante. Formó parte de la primera promoción de Psicología de la UASD y ha dejado una descendencia de profesionales destacados que hoy sirven a la nación. Su vida es testimonio de que la pasión por aprender no tiene límites de edad.























