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La comunidad de Alma Rosa Primera, en Santo Domingo Este, se encuentra consternada tras el trágico feminicidio de Esmeralda Moronta, a quien sus allegadas llamaban cariñosamente Eme. A sus 35 años, había logrado cumplir la meta de inaugurar su propia pastelería, un negocio que representaba años de arduo trabajo y dedicación.
Su hijo Aron era su mayor motor y orgullo. Solía expresar con una sonrisa radiante que su pequeño era la razón de sus esfuerzos diarios, proyectando siempre una imagen de esperanza y amor incondicional hacia su familia.
Sin embargo, sus sueños y su vida fueron arrebatados en un violento ataque. Su expareja, en un hecho que ha sacudido a toda la sociedad dominicana, le propinó varios disparos, acabando con su futuro de forma abrupta.
El crimen ocurrió justo cuando Esmeralda intentaba interponer una denuncia formal para buscar protección, respaldada por su círculo cercano, pero lamentablemente el sistema no le brindó la seguridad necesaria a tiempo.
Esmeralda Moronta
El dolor se ha apoderado de sus vecinos, quienes la recuerdan como una mujer emprendedora, luchadora y un ejemplo de superación en Santo Domingo Este. Su pastelería no era solo un local, sino un símbolo de resiliencia femenina.
Esmeralda fue atacada mortalmente mientras buscaba auxilio de las autoridades tras recibir amenazas de su expareja.
Su muerte ha vuelto a encender el debate nacional sobre la urgencia de mejorar los protocolos de protección contra la violencia de género en República Dominicana, ante la falta de una respuesta institucional efectiva.
El asesinato de Esmeralda enluta al país y, según los datos del Ministerio Público, ella se convierte en la víctima número 23 de feminicidios en lo que va de año, casos perpetrados por hombres que juraron amor eterno y terminaron truncando la vida de estas mujeres.























