La nueva encuesta nacional de opinión pública presentada ayer por ACD Media sacude el tablero político dominicano, marcando un contraste con los datos que veníamos viendo en estudios como la Gallup. Más que hablar de un desplome del gobierno de Luis Abinader, lo que estamos viendo es un cambio de ánimo en la calle: la gente está empezando a sentir el golpe en el bolsillo, un factor que define elecciones.
La medición confirma un diagnóstico que ya se siente en los colmados y estaciones de combustible: el oficialismo mantiene su cuota de poder, pero esa estabilidad política está bajo presión por un creciente hartazgo económico que no se puede ignorar.
El estudio de ACD Media, realizado con 1,200 entrevistas, pinta un escenario donde la ansiedad financiera le gana terreno al discurso de las cifras macroeconómicas. El 54 % de los consultados ve la situación del país con pesimismo, y casi la mitad cree que el futuro próximo será igual o peor. La inflación y el costo de la vida ya no son solo números, son la angustia diaria de las familias dominicanas.
La Gallup coincide en la misma ruta: un impactante 62.9 % de la población califica la situación económica como mala o muy mala. Ahí está el punto de quiebre donde ambos estudios coinciden sin lugar a dudas.

La economía es hoy el tema central del humor social dominicano.
Para la gente, el problema es claro: el 42.3 % señala el alto costo de la vida como su mayor preocupación, y el 59.2 % pone el grito al cielo por el precio de la comida. La receta ciudadana es simple: piden a gritos que bajen los precios de los alimentos. La inflación es, ahora mismo, la conversación obligada en cada esquina.
¡Es la economía, lo que cuenta!
Más allá de las estadísticas, lo que pesa es que el dinero no alcanza. Esto es un dolor de cabeza político porque empieza a desgastar incluso la popularidad de quienes todavía apoyan la gestión actual.
La gran paradoja dominicana es una ciudadanía incómoda con sus finanzas, pero que todavía no ve en la oposición una carta de triunfo clara. Ese vacío opositor es el salvavidas del PRM. Aun así, ambas mediciones son claras: Luis Abinader sigue siendo el activo más fuerte del sistema.
Con un 53 % de aprobación en ACD Media y un 51.7 % que lo valora positivamente en Gallup, el presidente mantiene el control. Sin embargo, su gabinete no corre con la misma suerte: el 57.3 % de los encuestados desaprueba la gestión de los funcionarios. Es el costo del desgaste administrativo: el presidente está blindado, pero sus ministros ya sienten el peso de la opinión pública.
Las encuestas también revelan un dato preocupante para el sistema: el aumento del desencanto con los partidos. Más del 54 % de la gente no se identifica con ninguna fuerza política, y la desconfianza hacia los partidos tradicionales, incluidos PRM, Fuerza del Pueblo y PLD, es altísima. La gente se está alejando de la política tradicional.
En números electorales, el escenario es más cerrado de lo que se pensaba: el PRM sigue arriba con 31.6 %, pero la Fuerza del Pueblo (26.5 %) y el PLD (20.1 %) mantienen viva la competencia en un terreno que cada vez se siente más ajustado.

David Collado se dispara
Si hay un nombre que está marcando tendencia en todas las mediciones, es el de David Collado. Dentro del PRM, su crecimiento no es casualidad; se ha convertido en la figura dominante, superando con creces a otros aspirantes como Carolina Mejía o Raquel Peña.
Con un 60.8 % de favorabilidad nacional según Gallup, Collado conecta mejor que nadie con la gente. Su perfil de gestión eficiente, enfoque en el turismo y capacidad de trabajo resuena con los jóvenes y la clase media, sectores clave que buscan resultados prácticos por encima de la política tradicional.
El fenómeno Collado está alterando la geometría interna del PRM. Mientras el partido busca equilibrio, el ascenso de Collado parece imparable, posicionándolo como el perfil más funcional para conectar con ese voto independiente que termina definiendo los procesos electorales.
El efecto Omar Fernández
Del otro lado, la oposición tiene su propia estrella: Omar Fernández. Con un 54.2 % de imagen favorable, Omar destaca como la figura mejor valorada de la Fuerza del Pueblo, muy por encima de su padre, Leonel Fernández, en términos de aceptación popular. Sin embargo, el control del partido sigue siendo de Leonel, creando una dualidad donde el padre pone la estructura y el hijo pone el carisma y la frescura.
El PLD, por su parte, sigue atrapado en el pasado, sin una narrativa renovadora que logre emocionar a un electorado que busca caras nuevas y soluciones reales, no más de lo mismo.

La realidad detrás de las redes
Un punto clave que revelan estas encuestas es que las redes sociales no siempre reflejan la realidad. Mientras en internet todo parece crisis y confrontación, la mayoría de los dominicanos se muestra mucho más pragmática y moderada. La gente no quiere caos, quiere que el sistema funcione.
Estamos en un punto donde la estabilidad del gobierno ya no se puede sostener solo con cifras macro. La gente exige respuestas a su día a día. El mensaje es claro: el país no está en ruptura, pero la paciencia tiene un límite. La política dominicana entra ahora en una etapa donde solo aquellos que respondan a las necesidades cotidianas sobrevivirán al juicio de las urnas.






















