La tecnología actual ni siquiera es válida para estudios de exploración de recursos o viabilidad técnica. Cualquier intento de prospección es rechazado de inmediato, bajo el argumento de que es un atentado contra nuestros recursos naturales y el medio ambiente.
Tras las movilizaciones en San Juan que frenaron el proyecto Romero, han surgido nuevas protestas contra la actividad minera, todas bajo la consigna de proteger los ríos y la biodiversidad dominicana.
Es positivo que existan sectores vigilantes contra la contaminación y la depredación ambiental. Ante los daños históricos al patrimonio ecológico nacional, la defensa del territorio es una causa justa.
Sin embargo, no podemos caer en extremismos que bloqueen un inventario técnico serio sobre nuestros recursos naturales sin argumentos más allá de la postura antiminera.
Bajo esta radicalización contra la minería en el país, será imposible realizar cualquier estudio de suelo, incluso para fines agrícolas o de reforestación en las zonas montañosas.























