Un motoconchista roza un camión mientras conducía en vía contraria. Acto seguido, cae al pavimento caliente simulando dolor. Segundos después, sus compañeros cercan el vehículo provocando un caos total frente a la estación del Metro Centro de los Héroes.
Aunque en este incidente no hubo heridos graves, el suceso expone una realidad que desespera a los usuarios del Metro: ¿Qué hace esa parada de motoconcho en plena vía?
La invasión de más de 10 motoconchistas, identificados con chalecos “MOHUDA” y “UNIMODIN”, frente a un letrero de “No Pasajeros”, no es casualidad, denuncian los ciudadanos que transitan por la zona.
Motoconchos se sitúan frente a la parada del Metro Centro de los Héroes, donde también hay un letrero de «No Pasajeros».
El problema escaló tras la inauguración del Corredor Independencia. Los transeúntes aseguran que, tras la salida de los carros públicos, los motoristas se adueñaron del espacio ante la mirada indiferente de las autoridades, bloqueando el libre tránsito peatonal y vehicular.
Esta escena es el pan nuestro de cada día en la capital, donde las motocicletas son las dueñas del asfalto. Según la Dirección General de Impuestos Internos (Dgii), a febrero de 2026, el Distrito Nacional registraba 841,647 unidades. A nivel país, la cifra alcanza los 3,954,053 motores circulando. Lo alarmante: apenas poco más de 11 mil personas tienen licencia legal para conducirlos, según datos del Intrant de 2025.
Ante este caos, la pregunta es obligatoria: ¿Quién le dio permiso a estos motoconchos para instalarse ahí?
Autorizaciones y desorden
Tras realizar solicitudes de acceso a la información pública, consultamos a la Alcaldía del Distrito Nacional y al Intrant sobre algún registro oficial de estas paradas. La respuesta fue un rotundo vacío.
Ambas instituciones tienen la responsabilidad legal, bajo la Ley 63-17 de Movilidad y Tránsito, de regular el transporte en motocicletas.
El artículo 75 es claro: “El transporte en motocicletas será regulado por el Intrant, en coordinación con los ayuntamientos”.
Para “conchar”, la ley exige licencia de operación y registro municipal. Sin embargo, en la práctica, esto es letra muerta.
“Eso no existe aquí. No hay registro”, confesó una fuente interna de la Alcaldía al ser consultada sobre el descontrol de las paradas.
En lugar de asumir su rol, el Ayuntamiento se lavó las manos y redirigió la solicitud al Intrant.
Tras 14 días de espera, el Intrant respondió con apenas cuatro líneas, lanzándole la pelota nuevamente a la Alcaldía.
El mensaje fue tajante: según ellos, el registro le corresponde a los cabildos, ignorando la corresponsabilidad que dicta la ley.
En resumen, un juego de tira y afloja institucional mientras las calles siguen siendo tierra de nadie.
Lo curioso es que, en septiembre de 2025, el Intrant dio una respuesta distinta, alegando que estaban en pleno proceso de «levantamiento e identificación».
¿En qué quedamos? La contradicción entre lo que dicen y lo que hacen es evidente, pasando de la «validación de datos» al «no es mi problema».
Esta disparidad de criterios solo confirma la falta de voluntad para poner orden en el transporte público.
Contradicciones que indignan
A pesar de que dicen no manejar información, las memorias institucionales del Intrant cuentan otra historia.
En su reporte de 2025, el Departamento de Licencias de Operación presume de haber recibido cientos de solicitudes de paradas y realizado censos a más de 200 áreas de motoconcho en el Distrito Nacional.
Incluso, el informe destaca compensaciones a mototaxistas y capacitaciones a nivel nacional, dejando al descubierto que sí poseen data que se niegan a entregar.
¿Hay solución posible?
Aunque el caos parezca normal, no tiene por qué ser así. Existen precedentes que pueden rescatar el orden.
El antiguo Plan Nacional de Registro de Motocicletas fue un primer intento fallido que, con ajustes, pudo haber marcado un antes y un después en la seguridad vial.
Expertos en urbanismo sugieren no erradicar al motoconcho, sino integrarlo formalmente como un sistema de transporte de «última milla».
La solución planteada es la creación de estaciones intermodales debidamente señalizadas, acabando con la ocupación salvaje de aceras.
“La delimitación física del espacio reduce el conflicto vial y protege al peatón”, señalan los estudios de movilidad urbana.
Otros países de Latinoamérica, como Brasil, han logrado regular los mototaxis mediante fiscalización directa y requisitos claros, demostrando que el orden es posible.
El problema de los motoconchos es, en realidad, una oportunidad para transformar el caos en un sistema eficiente. La pelota está en la cancha de las autoridades: ¿Seguirán lanzándose la responsabilidad o finalmente actuarán por el bien del tránsito en RD?























