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La Revolución de Abril de 1965 y la intervención de Estados Unidos en República Dominicana son los eventos más impactantes que definieron nuestra identidad nacional. Todo comenzó con el golpe de Estado a Juan Bosch, desatando una crisis histórica en plena Guerra Fría que cambió para siempre el destino del pueblo dominicano.
¿Por qué ocurrió la intervención?
Juan Bosch, quien ganó las elecciones de 1962, impulsó la histórica Constitución de 1963, la más avanzada en derechos sociales y libertades públicas. Sus reformas a favor de los más necesitados incomodaron a las élites y sectores conservadores, quienes utilizaron la excusa del comunismo para boicotear su gestión.
Tras el golpe de Estado de 1963 liderado por Elías Wessin y Wessin, el país cayó en manos de un triunvirato marcado por la corrupción y la inestabilidad. El descontento social creció rápidamente, uniendo a civiles y militares patriotas como Rafael Tomás Fernández Domínguez en una lucha por recuperar la democracia.
La crisis económica y la represión fueron el detonante para que el pueblo dominicano se lanzara a las calles en busca de libertad.
El 24 de abril de 1965, el movimiento constitucionalista comandado por el héroe nacional Francisco Alberto Caamaño encendió la llama de la dignidad dominicana. Ante el temor de otra revolución al estilo cubano, Estados Unidos ejecutó la invasión el 28 de abril, enviando a miles de soldados a nuestra tierra.
La Operación militar Power Pack
Más de 12,000 soldados estadounidenses ocuparon la capital bajo el nombre de Fuerza Interamericana de Paz, dejando a Santo Domingo en medio de un fuego cruzado. Esta ocupación militar se mantuvo hasta 1966, facilitando el camino para el ascenso al poder de Joaquín Balaguer en un clima de alta tensión y control extranjero.
El impacto en la historia dominicana
La intervención de 1965 dejó una cicatriz imborrable en nuestra sociedad, con miles de víctimas y un profundo trauma político. Aunque el sueño constitucionalista fue silenciado por la fuerza, la valentía de quienes lucharon sigue siendo un símbolo de patriotismo. Este capítulo cerró la puerta a la democracia temprana y dio inicio a los doce años de gobierno de Balaguer, marcando un antes y un después en nuestra historia política.























