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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, llega este domingo a los 80 años bajo la lupa por su estado de salud, mientras crece la polémica sobre sus facultades presidenciales y una mayoría de ciudadanos cuestiona su capacidad real para seguir en el cargo.
El republicano se convirtió en el mandatario de mayor edad en asumir el cargo y es el segundo en la historia en alcanzar las ocho décadas, superando a su antecesor, Joe Biden, a quien Trump atacó incansablemente durante años por su agudeza mental.
«La edad es un factor determinante para cualquier líder de una superpotencia», advierte el analista político Larry Sabato, quien señala que el debate sobre la aptitud de Trump es hoy más relevante que nunca.
Trump, conocido por su intensa agenda, celebra su cumpleaños con un evento mediático de la UFC en la Casa Blanca, intentando proyectar una imagen de vitalidad mientras lidia con tensiones internacionales en Irán y se prepara para la cumbre del G7 en Francia.
Aunque el mandatario insiste en que se siente tan fuerte como hace 50 años, sus críticos, especialmente dentro del Partido Demócrata, han encendido las alarmas ante señales físicas como hematomas en las manos, hinchazón en los tobillos y episodios de fatiga en eventos públicos.
Jay Olshansky, experto en longevidad, destaca que solo una minoría de octogenarios logra mantener las capacidades cognitivas necesarias para una jefatura de Estado, lo que aviva el debate en los círculos políticos.
¿Una salud de hierro?
Según el último parte médico oficial tras la revisión de mayo, Trump, de 1,9 metros y 108 kilos, se mantiene apto para comandar el país. El informe minimiza las dolencias físicas, atribuyéndolas a la medicación y al ritmo frenético de su gestión, a pesar de las constantes críticas sobre su dieta a base de comida rápida.
Sin embargo, los números no favorecen al presidente: el 55 % de los estadounidenses duda de que su estado físico y mental sea el adecuado para el despacho oval, según datos recientes de la CNN.
El frente demócrata ha pasado a la ofensiva, utilizando imágenes del mandatario aparentemente dormido en reuniones oficiales para cuestionar la narrativa de fortaleza que intenta construir la Casa Blanca antes de las elecciones de mitad de mandato.
El fenómeno Trump: comparación y contradicción
La ironía política marca esta etapa, ya que Trump, quien utilizó la salud de Biden como arma arrojadiza —bautizándolo como Joe el Dormilón—, enfrenta ahora cuestionamientos similares por parte de sus opositores.
El politólogo Seth Masket subraya la disparidad en el trato mediático, señalando que, a pesar de sus confusiones verbales y falta de energía ocasional, el entorno republicano mantiene un blindaje absoluto sobre la salud de su líder, a diferencia de lo que ocurrió con el Partido Demócrata antes de la retirada de Biden.























