En el marco de la 8va edición del Festival de Títeres y Objetos (FITO), la prestigiosa compañía española Ultramarinos de Lucas cautivó al público dominicano con una versión de Pinocho que transforma lo inanimado en una experiencia híbrida fascinante.
A través de un despliegue de recursos técnicos y una narrativa impecable, el grupo demostró su maestría en el teatro de objetos, una disciplina que dominan con absoluta precisión artística.
La puesta en escena tuvo lugar en la histórica sala Cristóbal de Llerena de Casa de Teatro, durante el pasado mes de marzo de 2026.
Ultramarinos de Lucas teje en este Pinocho un hilo conductor que conecta al muñeco de madera, en un entorno estático, con el niño de leyenda cuya nariz crece como símbolo de una moraleja eterna.
Con esta propuesta, el colectivo evoluciona de lo clásico a lo vanguardista, logrando que el objeto deje de ser un simple accesorio para convertirse en el alma de la escena, transitando de lo estático a lo móvil con una poética única.
Pinocho se convierte en un niño real tras ser escuchado y aceptado, en una obra construida sobre una perfecta circularidad visual y conceptual.
Desde el concepto del reencuentro, el círculo funciona como el retorno a la esencia: todo vuelve al lugar donde inició. El conflicto interno se aborda de forma magistral, trabajando las emociones de afuera hacia adentro.
La revelación del artificio es clave: los actores exponen el truco no para romper la magia, sino para sostenerla, aportando una frescura que invita al espectador a disfrutar del teatro en su estado más puro y auténtico.
Ultramarinos de Lucas, compañía de teatro, a través de recursos técnicos, narrativos y dramáticos pone de manifiesto la disciplina con la que el grupo trabaja sus personajes y su línea de creación en el teatro de objetos.
La pieza sorprende desde el primer minuto, manteniendo un ritmo trepidante que articula el vínculo entre el escenario y la audiencia. El espectador no es un ente pasivo, sino un participante activo en una ilusión compartida con precisión milimétrica.
Aunque el público conoce la historia, la compañía logra efectos deslumbrantes que mantienen el interés constante, demostrando por qué son referentes del teatro infantil y juvenil internacional.
La audiencia cocrea el momento de forma fluida y natural, sin adornos excesivos, centrando la mirada en el objeto como eje de acción dentro del teatro contemporáneo.
La multifuncionalidad de los objetos personificados es uno de los grandes aportes del grupo, desplazando la atención hacia la esencia del teatro de objetos.
La musicalización y el ritmo son protagonistas, estructurando las acciones de forma impredecible; cortan, irrumpen y reanudan el flujo narrativo para capturar la atención total del espectador.
La música expande el juego dramático, guiando al público hacia un estado de inmersión sonora donde cada nota sugiere emociones y tensiones.
Los actores despliegan un dominio vocal impresionante; a través de timbres y melodías sugieren una fisicidad que nace de lo corpóreo y lo emotivo.
Sus cuerpos, altamente entrenados, dotan a los objetos de una sensibilidad humana, dominando el espacio físico y simbólico con maestría.
La destreza técnica de los actores para transitar entre épocas, lugares y circunstancias es sencillamente precisa.
En una atmósfera mágico-realista llena de sombras y luces, el objeto cobra vida: respira, ama, miente y camina, mientras el actor se pone al servicio de la historia de Pinocho, transformando la madera en una personalidad viva.
Los actores superan la barrera entre materia y emoción mediante la doble acción, permitiendo que la moraleja surja naturalmente de los hechos, sin necesidad de lecciones moralizantes forzadas.
Aquí, el actor se convierte en un objeto más para que los personajes existan; la magia ocurre cuando lo cotidiano cobra un nuevo significado, conectando con la realidad compleja de nuestros tiempos.
Pinocho, de Ultramarinos de Lucas, establece una relación vital entre el artesano y su creación, dialogando con la obra original de Carlo Collodi pero imprimiéndole una visión fresca, contemporánea y necesaria para la escena actual.
Otro punto fuerte es el uso de lo híbrido; el montaje trasciende el recurso técnico para establecerse como una narrativa lúdica que define la identidad de la obra.
La escena se transforma constantemente con juegos actorales, elementos de clown y una propuesta universal diseñada para jóvenes de 6 a 14 años, que, sin embargo, interpela al adulto y lo invita a reinterpretar este clásico desde una óptica completamente renovada.
Ultramarinos de Lucas tiende con Pinocho un hilo que va del muñeco inanimado, en un
entorno quieto irrumpido por la acción externa de un ser humano (actor), al niño
leyenda que le crece la nariz como consecuencia y precepto moralizante.
Ultramarinos de Lucas construye personajes donde la línea entre objeto y humano se desdibuja con naturalidad.
Lo animado sucede de forma orgánica gracias a una comprensión profunda de la naturaleza del teatro de objetos y sus infinitas posibilidades.
La metáfora del amor paterno es el eje central: esa capacidad de recuperar al hijo superando cualquier amenaza, recogiendo el hilo invisible de la comprensión filial y dejando atrás el ego y el control.
La compañía acierta al poner a Pinocho en una estructura circular donde cada acción potencia a la siguiente, manteniendo un ritmo hipnótico respaldado por la destreza técnica.
Esta versión no es solo una representación de un clásico, sino una experiencia inmersiva donde el objeto, el actor y el público se funden en un mismo universo. Ultramarinos de Lucas nos enseña que, incluso en las historias más conocidas, siempre es posible descubrir algo nuevo bajo una mirada creativa, original y audaz.























