Los precios del petróleo se dispararon este jueves en los mercados globales, con el barril de Brent superando los 126 dólares, un máximo histórico desde 2022, tras las advertencias de Estados Unidos sobre un posible bloqueo prolongado del estrecho de Ormuz que amenaza la economía mundial.
Hacia las 07:30 GMT, el crudo de referencia internacional subía un 3,55% alcanzando los 122,22 dólares, un pico preocupante para el consumidor final.
Por su parte, el West Texas Intermediate (WTI), referencia clave para Estados Unidos, avanzaba un 1,43%, cotizando a 108,41 dólares, tras registrar un aumento cercano al 7% en la jornada anterior.
Horas antes, el valor del Brent había registrado un alza del 6,8%, tocando la cifra crítica de los 126 dólares.
Estos niveles de precio no se observaban desde mediados de 2022, periodo marcado por la volatilidad energética derivada del conflicto en Ucrania.
Los mercados reaccionan con nerviosismo ante la paralización del estrecho de Ormuz, un paso marítimo vital por donde circula el 20% del petróleo mundial, cuya inactividad genera incertidumbre en los precios de los combustibles a nivel global.
El contexto geopolítico es tenso. Las capacidades de almacenamiento están al límite y las exportaciones restringidas, lo que sugiere un riesgo real de caída en la producción, advirtió Stephen Innes, experto de SPI Asset Management.
Según fuentes de la Casa Blanca, el expresidente Donald Trump indicó que el cerco a los puertos iraníes podría extenderse durante varios meses.
En declaraciones al portal Axios, Trump señaló que esta estrategia de asfixia económica es más efectiva que una intervención militar directa.
La Casa Blanca mantiene que la presión naval continuará vigente hasta lograr un acuerdo definitivo con Teherán respecto a su programa nuclear.
Economistas como Jim Reid, de Deutsche Bank, advierten sobre el riesgo de un shock estanflacionista global, combinando un crecimiento económico lento con una inflación descontrolada.
El impacto en los mercados financieros es inmediato, especialmente en los bonos soberanos, cuyos rendimientos muestran una inestabilidad preocupante.
Como consecuencia, las principales bolsas asiáticas reflejaron la crisis: Tokio cerró con una baja del 1,1%, Hong Kong cayó un 1,3% y Shanghái se mantuvo prácticamente estancada, reflejando el temor de los inversionistas ante la crisis energética.























