El martes 30 de mayo de 1961, la vida en la República Dominicana parecía transcurrir con normalidad. Sin embargo, un plan secreto que la inteligencia trujillista nunca pudo detectar, cambiaría para siempre el rumbo histórico de la nación.
A las 10:00 de la noche de aquel día, hace este sábado 65 años, seis disparos pusieron fin a 30 años de una férrea dictadura que sumió al país en el terror. El ajusticiamiento de Trujillo marcó un antes y un después en nuestra historia.
Como era costumbre, el dictador Rafael Leónidas Trujillo, quien gobernó el país por tres décadas, inició su jornada a las 5:00 de la madrugada con su estricta rutina.
Tras revisar los informes de inteligencia en la Estancia Radhamés, donde hoy se ubica la Plaza de la Cultura Juan Pablo Duarte, se dirigió al Palacio Nacional para despachar los asuntos del Estado.
El generalísimo comenzó su agenda a las 9:00 de la mañana, recibiendo a Virgilio Álvarez Pina, conocido como Don Cucho, una de sus figuras de mayor confianza.
Pasadas las 10:00 de la mañana, Trujillo, junto al jefe de la Policía, el coronel Marcos Jorge Moreno, visitó la Base Aérea de San Isidro. De regreso al Palacio Nacional, almorzó con un grupo reducido, entre ellos un amigo extranjero, ajeno al destino que le aguardaba esa noche.
En ese entorno, el conspirador Miguel Ángel Báez Díaz, quien infiltraba los círculos del poder, confirmó que el dictador viajaría a San Cristóbal esa misma noche.
Cerca de las 2:00 de la tarde, Trujillo se trasladó a la Estancia Ramfis, hoy sede del Ministerio de Relaciones Exteriores.
A las 5:00 de la tarde, se reunió con el presidente interino, Joaquín Balaguer, y notificó a Álvarez Pina sobre su viaje nocturno a la Hacienda Fundación, en San Cristóbal.
El régimen estaba en crisis. El asesinato de las hermanas Mirabal y la condena internacional por el atentado contra el presidente venezolano Rómulo Betancourt tenían al dictador contra las cuerdas.
Al saber del viaje, Báez Díaz alertó a Antonio de la Maza, activando de inmediato el plan de los héroes del 30 de mayo para terminar con la tiranía.
Trujillo, sin sospechar la emboscada, cumplió su agenda. A las 5:30 de la tarde caminó por el Malecón de Santo Domingo, escoltado por civiles y militares. Luego, volvió a San Isidro con el secretario de las Fuerzas Armadas, José René Román (Pupo Román).
A las 7:00 de la noche, visitó a su madre, Julia Molina, en la avenida Máximo Gómez, donde opera la Universidad APEC, antes de volver a la Estancia Radhamés y ordenar su traslado a San Cristóbal.
Aquel día, el tirano cambió su ropa de civil por el uniforme militar verde olivo que acostumbraba llevar a San Cristóbal.
Cerca de las 10:00 de la noche, Trujillo abordó su Chevrolet azul celeste, acompañado únicamente por su chofer, el capitán Zacarías de la Cruz.
La paz de la noche fue interrumpida en la actual Autopista 30 de Mayo. El vehículo fue interceptado por el primer coche de los conjurados, iniciando la acción heroica.
En el Chevrolet negro viajaban Antonio Imbert Barrera, Antonio de la Maza, Salvador Estrella Sadhalá y el teniente Amado García Guerrero, quienes iniciaron la persecución del dictador.
Imbert persiguió al vehículo mientras los demás estrategas, entre ellos Huáscar Tejeda, Pedro Livio Cedeño y Roberto Pastoriza, esperaban en posiciones clave para asegurar el éxito del ajusticiamiento.
A las 10:00 de la noche, un disparo de Antonio de la Maza alcanzó a Trujillo. Tras un choque y un giro en U, se desató un intenso intercambio de fuego de 15 minutos en el asfalto.
El capitán Zacarías intentó defender al dictador mientras las ráfagas impactaban el vehículo desde varios ángulos.
Buscando asegurar el desenlace, Imbert y De la Maza se acercaron al auto. Antonio Imbert Barrera recordó: Cuando vi al tirano tambaleante, disparé el tiro de gracia.
Aunque algunos conjurados resultaron heridos, a las 10:10 de la noche se confirmó el fin de la era de terror: Murió El Chivo, quien gobernó la República Dominicana con mano de hierro entre 1930 y 1961.























