Sin darnos cuenta, el ritmo de vida actual nos está pasando factura. En República Dominicana, la cultura del trabajo intenso se ha convertido en una norma, y a menudo sacrificamos nuestro bienestar emocional y estabilidad personal por perseguir mayores ingresos, olvidando que el equilibrio es clave para una vida plena.
Vivimos en una sociedad que ha normalizado el agotamiento, señala la psicóloga clínica y terapeuta sexual y de parejas, Gaudys Arias, quien advierte que muchas personas en nuestro país presumen de trabajar sin descanso, responder mensajes a deshoras y llevarse la oficina a casa, viviendo en un estado de alerta permanente.
Sin embargo, existe una consecuencia de la que poco se habla: el impacto del estrés laboral en la intimidad y la relación de pareja. Muchos hombres y mujeres llegan a consulta preocupados porque sienten que han perdido el deseo sexual. Temen que el amor se haya terminado o que exista un problema médico, cuando en realidad el culpable es el estrés acumulado de nuestra agitada rutina diaria.
La especialista, que consulta en el Centro Vida y Familia, explica que el deseo sexual no es un interruptor. Requiere condiciones emocionales adecuadas que se bloquean cuando vivimos bajo presión por metas, responsabilidades económicas o exigencias del entorno laboral. En este escenario, nuestro organismo prioriza la supervivencia sobre el placer.
Gaudys Arias
Desde el punto de vista biológico, el cuerpo dispara los niveles de cortisol, la hormona del estrés. Cuando esto ocurre de forma prolongada, el cerebro interpreta que no es momento de disfrutar, sino de mantenerse en vigilancia constante. Es por esto que es tan común escuchar frases como: Llego a casa agotado, no tengo energía o mi pareja cree que ya no me atrae, cuando la verdad es que estamos exhaustos.
El problema escala cuando la pareja interpreta esta falta de deseo como un rechazo personal. Esto genera un círculo vicioso de inseguridades, discusiones y resentimientos. Cuando una persona no puede desconectarse del trabajo, la otra se siente ignorada, lo que termina creando una brecha emocional profunda en la relación.
La experta subraya que el estrés no solo reduce la frecuencia de los encuentros, sino que también afecta su calidad, provocando dificultades de concentración, menor excitación, problemas de erección o una desconexión emocional total, incluso durante el contacto físico.
Por esta razón, un error común es intentar solucionar la crisis solo aumentando la frecuencia sexual. El verdadero cambio requiere revisar los hábitos de autocuidado, el descanso, la distribución de responsabilidades y la creación de espacios de conexión real fuera de la habitación.
Antes de concluir que la relación ha llegado a su fin, vale la pena detenerse a observar el contexto completo. Muchas veces, el deseo no ha desaparecido, simplemente está atrapado bajo el cansancio y la presión de un estilo de vida que nos ha dejado sin espacio para el bienestar emocional y el amor, concluyó la terapeuta.























