Ante la crisis por la llegada masiva de sargazo a las costas del Caribe, incluyendo las playas dominicanas, investigadores de la Universidad Internacional de Florida (FIU) buscan transformar este problema ambiental en una oportunidad alimentaria. Científicos trabajan en procesar el alga para crear ingredientes clave en helados, sopas, salsas y bebidas energéticas.
Imran Ahmad, coautor del estudio publicado en el journal Food Hydrocolloids, explica que su equipo ha desarrollado un método para extraer sustancias valiosas del sargazo, como el alginato de sodio y polisacáridos, permitiendo que la industria alimenticia aproveche este recurso en lugar de verlo solo como un desecho.
«El sargazo es un dolor de cabeza, especialmente en el Caribe y el sur de Florida. Gastamos millones en limpieza y afecta el turismo. Nuestra meta es cambiar el paradigma y demostrar que puede ser un insumo comestible», señala Ahmad.
Sargazo: ¿De problema ambiental a alimento?
La proliferación de sargazo es una preocupación creciente en destinos turísticos como Punta Cana, Cancún y Miami, ya que las temperaturas elevadas del océano impulsan su crecimiento. La Universidad del Sur de Florida (USF) reportó niveles récord de hasta 28,9 millones de toneladas métricas en la región, una cifra que afecta gravemente la economía azul.
Aunque el sargazo sirve de refugio para especies marinas, la NOAA advierte que, al acumularse en la orilla, puede ser dañino. Por ello, los expertos proponen recogerlo antes de que se descomponga en la arena para convertirlo en un subproducto útil y sostenible.
«No buscamos eliminar el problema de raíz, pero sí darle un valor agregado a lo que hoy termina en los vertederos», aclara el investigador.
Tecnología de alta presión para la seguridad alimentaria
La clave del proyecto radica en el uso de alta presión para procesar el alga, una técnica similar a la empleada con el guacamole o los jugos naturales. Este método permite eliminar bacterias y microorganismos sin alterar las propiedades nutritivas del sargazo.
«Estamos garantizando que el producto final esté libre de metales pesados y contaminación. Queremos cumplir con todos los estándares regulatorios para que la industria alimentaria pueda integrar el sargazo con total confianza», subraya el científico.
El mayor reto, reconoce el equipo de FIU, no es solo la técnica, sino cambiar la percepción del consumidor, quien todavía asocia el sargazo con el mal olor y la suciedad en las playas, en lugar de verlo como un posible superalimento del futuro.























