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La fuerza de las lluvias recientes en República Dominicana dejó secuelas devastadoras para los residentes en Las 800 del sector Los Ríos, en el Distrito Nacional.
Yocasti Frías relata con dolor que, durante la madrugada, el agua destruyó sus ajuares y su tranquilidad en cuestión de minutos.
Lo que antes eran calles transitables se convirtieron en ríos peligrosos que arrastraron todo a su paso, una tragedia reportada por El Informe con Alicia Ortega.
Vehículos fueron movidos por la corriente con una facilidad alarmante, como si fueran juguetes.
“Todos esos vehículos que ven ahí desbaratados, todo eso fue el agua que se lo llevó”, expresó afectada.
Sobre las obras de infraestructura, señaló: “Aquí se hizo un trabajo en la calle. Cambiaron la cañada, la pusieron con tubería. Aquí en el medio de la calle explotó”.
Yokasta Frías
El agua alcanzó niveles sin precedentes, inundando segundos pisos y dejando a las familias dominicanas en la calle.
“Nunca había llegado ahí”, enfatizó. “Aquí estuvo inundado cada colmado del sector completito y todas esas casas perdieron todo”.
El impacto en los colmados, base de la economía barrial, ha sido total, con pérdidas materiales incalculables.
“Esos colmados usted los veía sacando 100 sacos de arroz y perdió todo. Todo se le salió, todo, todo se lo llevó el agua”, contó Yocasti.
Sonia Solis: «Aquí hubo demasiada pérdida en esta vuelta»
Sonia Solís
Para Sonia Solís, el desastre natural destruyó su pequeño negocio de 25 años de trayectoria.
Su ventorrillo, fruto de años de trabajo honesto, fue arrasado por la fuerza de las inundaciones en Los Ríos.
“Aquí el negocio mismo me lo viró”, comenta mientras observa los restos de su fuente de sustento.
La comunidad contabiliza al menos siete vehículos arrastrados por la cañada.
“Aquí hubo demasiada pérdida en esta vuelta”.
“De la casa al negocio hemos quedado sin nada y todos estamos afectados aquí”, lamentó.
En el Callejón de Dios, Margarita Santana enfrenta su propia crisis tras las inundaciones
Margarita Santana
Con 15 años de residencia en la zona, Margarita Santana ha perdido su negocio y enfrenta ahora una grave crisis de deudas.
“Yo no tengo nada ahora… nada tengo yo”, afirma con desesperación.
Su deuda asciende a más de 300 mil pesos, un compromiso financiero que ahora le resulta imposible pagar debido a la magnitud de los daños.
«En el tiempo que yo tengo viviendo por aquí, se metía agua, pero no se metía tanto así. Después que taparon la cañada, se meten mucho, pero no se metía tanta agua», sentenció sobre las fallas en la obra pública.























