La cantante búlgara Dara hizo historia este sábado al ganar la 70ma edición del Festival de Eurovisión con su pegajoso hit «Bangaranga», logrando la primera victoria para su país en la historia del certamen.
El israelí Noam Bettan alcanzó el segundo lugar en una final en Viena marcada por la tensión, constantes protestas y el boicot contra la participación de su delegación.
Dara se impuso ante 24 finalistas en una gala llena de brillo y espectáculo. Su energía arrolladora y una coreografía impecable conquistaron tanto al jurado profesional como al voto del público internacional, que definió al gran ganador de la noche.
«Esto es una locura», confesó Dara emocionada durante la rueda de prensa tras el show. «Aún no proceso todo lo que está pasando».
La artista agradeció a «todos los que sintieron el bangaranga y conectaron con toda la buena vibra».
Con 27 años, Dara es una figura consolidada en su país, aunque no figuraba entre las favoritas en las apuestas. Sin embargo, «Bangaranga» resultó ser el fenómeno pop que Eurovisión ama: una invitación irresistible a la fiesta y a romper el protocolo bajo las luces del escenario.
Dara ha sido abierta sobre sus retos con la ansiedad, describiendo «Bangaranga» como ese poder interno para soltar la presión de la perfección. Reveló que su propuesta se inspiró en los kukeri búlgaros, figuras tradicionales que usan máscaras y danzas rituales para alejar las malas energías.
La rumana Alexandra Căpitănescu completó el podio en tercer lugar con su tema rock «Choke Me», seguida por la australiana Delta Goodrem en cuarto puesto y el italiano Sal Da Vinci cerrando el top cinco.
El dúo finlandés, conformado por la estrella pop Pete Parkkonen y la violinista Linda Lampenius, quienes eran los favoritos indiscutibles en los pronósticos, se tuvieron que conformar con la sexta posición.
Dean Vuletic, experto y analista de Eurovisión, señaló que el concurso siempre guarda sorpresas.
«Eurovisión nunca ha sido solo para grandes divas o estrellas consagradas», comentó. «Al público le encanta descubrir al artista que viene subiendo o apoyar a los talentos de naciones más pequeñas; esa es la magia del escenario».
Actuaciones excéntricas y todo un espectáculo
Representantes de 25 naciones tomaron el Wiener Stadthalle para competir por la corona continental. Desde violinistas virtuosos hasta bandas de metal, el evento se consolidó como una fiesta vibrante que muchos comparan con el fervor de un Mundial, pero cambiando el balón por los éxitos musicales.
Y como ocurre en los grandes eventos deportivos, la política no estuvo fuera de juego. El concurso enfrentó por tercer año consecutivo exigencias para excluir a Israel debido al conflicto en Gaza. Países de peso como España, Holanda, Irlanda, Islandia y Eslovenia se ausentaron en señal de protesta.
A pesar de la polémica, el certamen sigue siendo la cuna de clásicos globales como el «Waterloo» de ABBA y el icónico «Volare», manteniendo viva su tradición de himnos pop inolvidables.
Con solo 3 minutos en tarima, los concursantes dieron el todo por el todo. Fuegos artificiales, efectos especiales y una puesta en escena de alto nivel demostraron la diversidad musical de toda Europa.
La variedad fue total: desde el metal pesado de la banda serbia Kravina, hasta el rock melancólico de la albanesa Alis y el ritmo bailable de la chipriota Antigoni con su contagioso tema «Jalla».
Las mujeres dominaron la noche con baladas potentes como la de la alemana Sarah Engels, el R&B de la polaca Alicja, el sonido etéreo de la ucraniana Leléka, el techno-pop de la sueca Felicia y la ópera pop de la francesa Monroe.
Los hombres también dejaron huella, destacando las voces de Aidan de Malta, el danés Søren Torpegaard Lund, el rockero noruego Jonas Lovv y el exponente austríaco de techno-pop, Cosmo.
El toque urbano y político no faltó con la propuesta de rap fiestero de Satoshi de Moldavia y el estilo juguetón del artista griego Akylas.
El británico Look Mum No Computer finalizó último con su tema cómico, sumando apenas un punto. Bulgaria se coronó con 516 puntos tras la compleja votación, dejando a Israel con 343.
Protestas y tensión social en torno a Israel
La polémica por la participación de Israel está lejos de calmarse.
Por segundo año seguido, Israel se queda con el subcampeonato gracias a un masivo apoyo del público. Los organizadores del certamen ajustaron las reglas tras las denuncias de campañas organizadas para manipular el sistema de votación.
Bettan fue recibido con abucheos y gritos durante su interpretación de «Michelle», una mezcla de hebreo, francés e inglés. Días antes, cuatro personas fueron detenidas por intentar boicotear su ensayo en la semifinal.
Cientos de manifestantes se concentraron cerca del recinto bajo la consigna «Bloqueen Eurovisión», mientras colectivos propalestinos organizaron conciertos alternativos bajo el mensaje de que «no hay escenario para el genocidio».
«Invitar a Israel a un escenario de unidad como Eurovisión es una falta de respeto a los derechos humanos y a quienes buscamos la paz», afirmó el organizador Patrick Bongola.
Pese a los retos económicos y el impacto en la audiencia por los boicots, Eurovisión ya planea su expansión global con el anuncio del «Festival de la Canción de Eurovisión en Asia», que se celebraría en Bangkok el próximo noviembre.
Vuletic recordó que la controversia no es nueva; ya en 1969, países como Austria se negaron a participar en la edición celebrada en la España de Franco.
«El concurso ha sido testigo de momentos políticamente muy caldeados y, aun así, Eurovisión sigue siendo un gigante imparable», concluyó el experto.























