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Documentos filtrados de los servicios de inteligencia rusos revelan que, en 2024, “La Compañía”, el brazo de propaganda del Kremlin, habría invertido cerca de 280.000 dólares en cientos de artículos en más de una veintena de medios argentinos para manipular la opinión pública y desestabilizar al país. La investigación, parte del proyecto “Propaganda Machine” de Forbidden Stories, expone también intentos de injerencia en Bolivia. La periodista Sofía Álvarez Jurado detalla cómo esta maquinaria opera mediante desinformación y firmas falsas.
RFI: ¿Qué revelan específicamente estos documentos sobre la red de desinformación y los pagos a supuestos periodistas?
SAJ: Los documentos, obtenidos originalmente por el medio panafricano The Continent, consisten en 1.400 archivos internos que los agentes de “La Compañía” enviaban a sus superiores. En ellos se detallan tablas con artículos encargados, montos pagados y enlaces a piezas publicadas en medios argentinos. También contienen estudios estratégicos detallados sobre la política local. Por ejemplo, en Bolivia, analizaban cómo utilizar las denuncias contra Evo Morales para favorecer a Luis Arce en las elecciones.
RFI: ¿Cuál era el objetivo y cuánto dinero se destinó a la prensa argentina?
SAJ: Según los documentos internos, se invirtieron unos 280.000 dólares en una veintena de medios con líneas editoriales diversas. Identificamos tres ejes estratégicos: dañar la reputación de Javier Milei, fomentar un conflicto militar ficticio con Chile —donde detectamos la mayor cantidad de fake news— y desalentar el apoyo militar argentino a Ucrania.
RFI: Es notable que este plan se ejecutara mientras Milei mantenía un apoyo férreo a Zelenski.
SAJ: Así es. Aunque la postura de Milei cambió tras el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, los documentos de inteligencia son de 2024, previos a ese giro político. La injerencia rusa buscaba sembrar discordia antes de que cualquier factor externo alterara la política local.
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RFI: En la investigación aparecen nombres como Manuel Godsin, Gabriel di Taranto, Juan Carlos López y Marcelo Lopreiatto. ¿Qué descubrieron sobre estas firmas?
SAJ: Son perfiles falsos. Al investigar, descubrimos que no existen personas reales detrás de estos nombres; usan fotos de archivo o identidades previamente desmentidas. Los documentos de “La Compañía” los presentan como periodistas que recibieron grandes sumas de dinero por artículos, incluso inventando credenciales académicas, como supuestas maestrías en la Universidad de Avellaneda, la cual confirmó que no ofrece tales títulos.
RFI: ¿Cuál es la conclusión detrás de estas cifras infladas?
SAJ: Es evidente que los agentes rusos intentaban exagerar sus logros ante sus superiores. Uno de los artículos mejor pagados costó 3.100 dólares, una cifra astronómica comparada con el salario promedio de un periodista en Argentina, que apenas llega a los 700 dólares. Todo indica que los empleados de “La Compañía” no son fuentes fiables y posiblemente estén inflando los costos de estas operaciones.
RFI: ¿Los medios argentinos admitieron haber recibido fondos de inteligencia rusa?
SAJ: Nadie confirmó pagos directos de agentes rusos. Sin embargo, dos medios admitieron haber recibido fondos de terceros por ciertos artículos. Estos terceros parecen ser empresarios locales descontentos con la gestión de Milei, especialmente con la paralización de la obra pública, pero no hay evidencia directa de que el dinero provenga de los servicios de inteligencia del Kremlin.
RFI: Todo apunta a una red de corrupción interna dentro de la propia agencia de propaganda rusa.
SAJ: Exactamente. La gran pregunta es: ¿a dónde fueron a parar esos 280.000 dólares? Si el dinero no llegó a los periodistas, es muy probable que haya terminado en los bolsillos de los propios operadores de “La Compañía”.
RFI: ¿Es posible que esto sea un caso de malversación?
SAJ: Así lo sugiere la información. Fuentes cercanas al caso indican que incluso dentro de los altos círculos de poder en Moscú, existe la sospecha de que este dinero fue desviado, lo que podría derivar en una auditoría interna dentro del Servicio de Inteligencia Exterior de Rusia para rastrear el destino real de estos fondos de propaganda.























