Sevilla.- El autismo, definido médicamente como un trastorno del neurodesarrollo, supone para quienes lo viven -e incluso para sus familias- el reto de convivir con un cerebro que «funciona de forma diferente», lo que lleva a «estar todo el tiempo enfrentándote a un mundo que no está diseñado para ti».
Así lo asegura a EFE Rosa Álvarez, psicóloga y directora técnica de la Federación Autismo Andalucía, quien cuenta con casi 30 años de experiencia y afirma, con motivo del Día Mundial de este trastorno, que «no es que su cerebro funcione peor, es que tiene otro sistema operativo».
«El mundo está organizado para personas neurotípicas y a ellos les cuesta mucho adaptarse», explica Álvarez, quien señala que uno de los mayores desafíos es «la amplia gama de manifestaciones que influyen en la vida cotidiana» de quien padece esta condición.
La experta detalla que la clasificación actual establece tres grados, desde el más leve, con personas autónomas que pasan desapercibidas en su entorno, hasta quienes requieren apoyo constante debido a una discapacidad intelectual asociada.
En el punto intermedio se encuentran quienes poseen grandes habilidades en ciertas áreas pero enfrentan dificultades en otras tareas diarias. «Desde fuera puedes ver a alguien políglota y a otra persona con dificultades de lenguaje, y aunque parezcan opuestos, ambos están dentro del espectro», ejemplifica.
Rompiendo mitos
Uno de los rasgos comunes es la dificultad ante cambios imprevistos, ya que «la estabilidad es su forma de comprender y responder al entorno».
Cualquier modificación puede generar «reacciones intensas» en los casos más severos, mientras que otros perfiles presentan mayor flexibilidad.
También existe una gran variabilidad sensorial: «hay personas con hipersensibilidad al tacto o ruidos, y otras que necesitan estímulos mucho más fuertes para percibirlos», explica la psicóloga.
«Para algunos, un lugar con mucha gente puede ser una fuente de ansiedad insoportable», relata Álvarez, recordando que la prevalencia estimada es de un 1 % de la población mundial.
Con estas cifras, «es muy probable que todos conozcamos a una persona autista sin saberlo». Aunque la conciencia social ha crecido, advierte que persisten muchos mitos y falta información real.
«Hay que dejar de ver el autismo como en el cine, donde solo existen los genios o los casos extremos», apunta. Álvarez destaca el empleo como el escenario ideal para romper prejuicios: «Las empresas deben apostar por su talento y darles la oportunidad de demostrar que son trabajadores extraordinarios».
Realidad laboral e infradiagnóstico
Desde el Servicio de Empleo de Autismo Andalucía, que celebra dos décadas de éxito, Álvarez asegura: «Son empleados excelentes; eficientes, comprometidos, con una motivación inigualable y un ausentismo mínimo».
Tras recordar que el plan nacional aprobado por unanimidad en el Congreso sigue sin desarrollarse, la federación exige a las autoridades una mayor sensibilización ante una población tan numerosa.
Esta urgencia es mayor debido al «importante infradiagnóstico» en adultos, ya que no existen pruebas biológicas definitivas, sino que se requiere una evaluación psicológica exhaustiva.
En la infancia, destaca la necesidad de «recursos para garantizar la equidad», lo que incluye terapias, logopedia y apoyo constante en el sistema educativo.
Álvarez advierte además sobre las barreras invisibles. «Más allá de las limitaciones arquitectónicas, existen barreras cognitivas que impiden la autonomía». Por ello, defiende el uso de pictogramas y apoyos visuales para facilitar la plena inclusión en todos los entornos.























