Para miles de dominicanos, roncar fuerte es visto como algo normal o hasta gracioso. Sin embargo, cuando los ronquidos son intensos, irregulares y se acompañan de pausas en la respiración, son la señal de una alerta médica grave: la apnea del sueño. Esta enfermedad, alarmantemente común y poco diagnosticada en el país, no solo arruina el descanso, sino que actúa como un enemigo mortal y silencioso para el corazón.
Katerine Caraballo, reconocida cardióloga de los Centros de Diagnóstico y Medicina Avanzada y de Conferencias Médicas y Telemedicina (CEDIMAT), explica que la apnea del sueño se identifica por interrupciones críticas de la respiración durante la noche (apneas) o por bajas peligrosas del flujo de aire (hipopneas).
Cada uno de estos episodios provoca un desplome en los niveles de oxígeno en la sangre. Ante este peligro, el cerebro activa un mecanismo de emergencia que despierta al cuerpo de forma brusca para reiniciar la respiración, un ciclo destructivo que puede repetirse cientos de veces cada noche.
Aunque el paciente no lo recuerde al despertar, su organismo vive la noche en un «estado de guerra». El sueño se rompe, pierde calidad y deja de ser reparador. Por eso, tantos dominicanos se levantan agotados, con la sensación de no haber dormido nada, aunque pasaran ocho horas en la cama.

Los síntomas clave incluyen ronquidos explosivos, pausas respiratorias que asustan a la pareja, jadeos nocturnos, dolor de cabeza al despertar y una somnolencia extrema durante el día. Este cansancio puede causar accidentes fatales al volante o en el trabajo, afectando la productividad y la seguridad de los dominicanos.
Peligro mortal Más allá del agotamiento, el riesgo real de la apnea del sueño está en el daño al sistema cardiovascular. Cada episodio de apnea dispara hormonas del estrés que elevan la presión arterial y aceleran el ritmo cardíaco de forma violenta.
Cuando esto ocurre noche tras noche, el daño es progresivo. Una consecuencia directa es la hipertensión arterial resistente. Las subidas bruscas de presión mientras duermes «programan» al cuerpo para ser hipertenso de día, razón por la cual muchos pacientes no logran controlar su presión ni con varios medicamentos.
La falta de oxígeno también causa inflamación y estrés oxidativo, acelerando la aterosclerosis. Esto llena las arterias de grasa, endureciéndolas y aumentando drásticamente el riesgo de infarto al miocardio y accidentes cerebrovasculares (ACV), muchas veces sin aviso previo.
Riesgo de arritmias El sistema eléctrico del corazón también sufre. La apnea del sueño está ligada a arritmias graves como la fibrilación auricular. En personas con problemas del corazón, esto puede ser fatal.
Obligar al corazón a trabajar sin oxígeno y bajo presión extrema debilita el músculo cardíaco, provocando insuficiencia cardíaca. Esto se traduce en falta de aire, incapacidad para caminar tramos cortos y una caída drástica en la calidad de vida.
El diagnóstico se logra con un estudio del sueño. En República Dominicana, CEDIMAT ofrece tecnología avanzada para realizar estas pruebas, incluso desde el hogar con dispositivos portátiles, facilitando que más personas detecten esta amenaza a tiempo.
¡Hay solución! La excelente noticia es que la apnea del sueño es tratable. El CPAP es el tratamiento estrella: un dispositivo que envía un flujo de aire suave para mantener la vía respiratoria abierta. Su uso reduce la presión arterial, previene infartos y disminuye el riesgo de muerte súbita.
Es vital atacar factores de riesgo comunes en nuestra población como la obesidad, el sedentarismo y la diabetes. Bajar de peso y hacer ejercicio no solo mejora la apnea, sino que salva tu corazón.
Recomendación experta
— Alcohol y sedantes: Evita las bebidas alcohólicas y calmantes antes de dormir, ya que relajan demasiado la garganta y agravan el colapso respiratorio. En ciertos casos, existen prótesis dentales especiales o cirugía.
Reconocer los síntomas salva vidas La apnea del sueño no es un simple ronquido, es un factor de riesgo cardiovascular que puedes controlar.
Identificar las señales y acudir a un especialista a tiempo puede ser la diferencia entre sufrir un infarto o disfrutar de una vida larga y saludable.























