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María Villarreal/Latinoamérica21
América Latina y el Caribe es una región sacudida por transformaciones históricas. Aunque el término se limitaba a las transiciones democráticas, hoy la realidad supera lo político. El debate ahora se centra en transiciones energéticas, ecosociales, urbanas y digitales, revelando que el cambio no es solo tecnológico, sino una mutación profunda de modelos productivos y patrones de consumo. En el continente más desigual del mundo, la transición justa se ha vuelto una urgencia crítica. El 10 % más rico acapara el 77 % de la riqueza regional, según el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF). En este escenario, el desafío es total: evitar que el cambio profundice las brechas y lograr una transformación equitativa real.
¿Por qué la transición justa es el debate más urgente hoy?
La emergencia climática es, en esencia, una crisis de desigualdad. Los superricos y las corporaciones globales son los mayores responsables del calentamiento global por su impacto desmedido en emisiones, según revela Oxfam (2025). El dato es demoledor: el 86% del 0,1% más rico vive en el Norte Global, mientras el cambio climático castiga con furia al Sur y a comunidades vulnerables como indígenas, afrodescendientes y mujeres. Por esto, el colapso climático funciona como un multiplicador de injusticias.
Ante este panorama, es vital integrar conocimientos y rediseñar nuestras sociedades bajo límites planetarios. Aunque se promueve el capitalismo verde como la gran solución, la realidad es que potencias y empresas del Norte impulsan una carrera agresiva por tierras raras, minerales estratégicos y energías renovables para fabricar baterías y alimentar la inteligencia artificial.
La paradoja es alarmante: la tecnología verde depende de la extracción masiva de recursos en el Sur Global, desatando conflictos socioambientales y perpetuando dependencias. En lugar de equilibrio, estas propuestas de transición energética suelen consolidar un preocupante colonialismo verde que profundiza las asimetrías globales.
En medio de la guerra geopolítica por recursos clave, América Latina, dueña del litio, petróleo y cobre, es el nuevo campo de batalla entre potencias, reafirmando su rol como exportadora hacia China y Estados Unidos. La reciente intervención militar y el control de reservas petroleras en la región marcan un precedente peligroso que viola el derecho internacional y la soberanía regional.
A pesar de la evidencia del desastre climático, el negacionismo y la desinformación intentan frenar medidas efectivas. La salida de potencias de acuerdos globales y la desregulación ambiental en diversos países ponen en jaque los logros ecológicos. Para evitar un colapso total, es imperativo forzar un modelo económico y social genuinamente sostenible.
El impacto real de una transición justa en América Latina
El concepto de transición justa nace de las luchas obreras de los años 80, cuando sindicatos defendieron a trabajadores afectados por nuevas normas ambientales. Hoy, esta idea analiza quién gana y quién pierde en el cambio de paradigma, enfocándose en los beneficios y riesgos sociales.
En la agenda climática global, el foco debe estar en la sociedad: comunidades y grupos marginados. Ninguna transformación será legítima si excluye a los sectores más vulnerables. La descarbonización no puede ser un proceso a puerta cerrada.
Para América Latina, transitar hacia una economía baja en carbono exige inversiones masivas de hasta US$ 1,3 billones anuales en infraestructura y gasto social. Esto implica el fin de industrias fósiles, cambios radicales en la producción y pérdida de empleos tradicionales, pero también abre un universo de oportunidades en energías limpias y nuevas competencias laborales.
Abandonar el petróleo impactará el costo de vida, el transporte y los alimentos, además de reducir los ingresos fiscales para inversión social. Esto coloca a los Estados frente a un reto financiero y logístico sin precedentes.
Los gobiernos deben garantizar procesos participativos y transparentes donde los beneficios se repartan con justicia. Es fundamental blindar a los hogares de menores ingresos con políticas de protección social y redistribución para mitigar cualquier impacto negativo.
Existen rutas claras nacidas en la región, como el Pacto Ecosocial e Intercultural del Sur. Este propone que la transición no sea solo técnica, sino una revolución del régimen socioecológico para asegurar vida digna y justicia social. Sin combatir la desigualdad, cualquier transición será un fracaso histórico.
Cientista política. Profesora de Relaciones Internacionales y del Posgrado de Ciencias Sociales en Desarrollo, Agricultura y Sociedad (CPDA) de la Universidad Federal Rural de Rio de Janeiro (UFRRJ). Doctora en Ciencia Política por la Universidad Complutense de Madrid.























