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Actualmente la coalición de Estados Unidos e Israel ejecuta una ofensiva total contra Irán mediante una escalada militar coordinada por el Pentágono y el Ejército israelí, un conflicto que la teocracia persa ya preveía.
Las hostilidades estallaron el 28 de febrero tras el bombardeo de una escuela que dejó un saldo de 165 niñas y docentes fallecidos. El escenario empeoró tras la eliminación del ayatolá y líder espiritual Ali Jamenei y su familia. Ante la devastación, Irán ha respondido con represalias contra Israel, objetivos estratégicos de EE. UU. y el bloqueo del estrecho de Ormuz, lo que ha disparado los precios del petróleo y provocado una crisis económica mundial.
Si a Sadam lo vincularon con armas de destrucción masiva, la amenaza sobre Irán se centra en su potencial nuclear. Este arsenal atómico ya es controlado por las potencias del Consejo de Seguridad de la ONU (EE. UU., China, Rusia, Francia y Reino Unido), además de India, Pakistán e Israel, mientras Corea del Norte afirma poseer capacidad bélica.
Tras dos semanas, el conflicto en Irán es crítico. El filósofo Santiago Alba Rico sostiene que el uso de la fuerza exige una narrativa sólida, y tanto Donald Trump como Benjamín Netanyahu enfrentan desafíos en su discurso político. Es evidente que Trump, tras el precedente de Maduro, busca un cambio de régimen, mientras Israel intenta desmantelar la teocracia. Trump ahora se declara vencedor tras neutralizar el arsenal nuclear de Irán e insta a sus aliados a reabrir el estrecho de Ormuz bajo una creciente presión internacional.























