El rapero estadounidense Kanye West, cuya reciente confirmación para un festival en Londres ha desatado un escándalo global por sus polémicos comentarios antisemitas, afirmó el martes estar dispuesto a reunirse con líderes de la comunidad judía británica.
«Mi objetivo es ir a Londres y ofrecer un espectáculo de cambio, aportando unidad, paz y amor a través de mi música», escribió el cantante, de 48 años, en una columna de opinión para The Wall Street Journal, titulada «A aquellos a quienes he herido».
«Sé que las palabras no son suficientes. Tendré que demostrar el cambio con mis actos. Si están abiertos, aquí estoy», insiste el exmarido de Kim Kardashian, mostrando su disposición para escuchar a los representantes de la comunidad judía.
Ye, nombre artístico actual del rapero, ha perdido millones en contratos comerciales y gran parte de su base de fans tras una serie de declaraciones racistas que sacudieron la industria.
«Veo cosas buenas en Hitler. Amo a los judíos, pero también amo a los nazis», llegó a declarar en 2023, provocando una ola de rechazo internacional.
En mayo de 2025 lanzó el controversial tema «Heil Hitler», marcando el 80.º aniversario de la derrota de la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial, lo que volvió a ponerlo en el ojo del huracán.
«No pido ni compasión ni trato de favor, aunque aspiro a merecer su perdón», asegura, citando su trastorno bipolar como factor atenuante de su conducta previa.
El anuncio de su presentación estelar durante tres noches en el Wireless Festival, del 10 al 12 de julio en Londres, ha encendido las redes sociales y generado una indignación masiva.
El primer ministro, Keir Starmer, ha calificado la presencia del artista como algo «profundamente preocupante» para la sociedad británica.
Diversas organizaciones civiles y el alcalde de Londres, Sadiq Khan, han alzado su voz exigiendo la cancelación de su participación.
La presión ha sido tal que patrocinadores clave del evento, incluyendo gigantes como Pepsi y Diageo, han retirado su apoyo económico ante la ola de críticas.
Phil Rosenberg, portavoz de la Junta de Diputados de los Judíos Británicos, condicionó cualquier diálogo a que el artista se retire formalmente del festival.
Pese a la presión social, el director general del festival, Melvin Benn, mantiene la invitación, apelando al concepto del «perdón» como eje central de su defensa.
Mientras tanto, el ministro de Salud, Wes Streeting, confirmó que el gobierno británico está evaluando la posibilidad de prohibirle la entrada al país por su historial de odio.
La polémica alcanza su punto crítico justo cuando la preventa de boletos para el evento arrancó este martes en medio de un ambiente de tensión total.























