¿Pueden los líos económicos afectar la salud mental o la inestabilidad emocional puede desencadenar una crisis financiera? Es la pregunta que responde la guía “Finanzas y salud mental en las mujeres” de la Oficina de Protección al Usuario de los Servicios Financieros (ProUsuario) de la Superintendencia de Bancos.
Según establece el documento, cuando la falta de cuartos se convierte en una constante preocupación, hablar de bienestar integral o paz mental se vuelve un tema casi imposible para dar paso a malestares físicos como presión arterial alta, dolores de cabeza o problemas digestivos.
En casos extremos podría llevar a consecuencias graves como ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares, además de irritabilidad y falta de concentración, generando un impacto negativo en el rendimiento laboral y las relaciones en la oficina.
«El estrés por el bolsillo puede conllevar trastornos de salud mental, ya sea por gastos imprevistos, falta de ahorro, emergencias médicas, pérdida de empleo o ingresos inestables; incluso, presión social por aparentar un estilo de vida caro. Estos factores pueden detonar ansiedad y otros problemas, afectando nuestro equilibrio emocional y físico”, redacta el artículo.
Por otro lado, el manual también explica que el estrés financiero o la forma en cómo nos sentimos también puede afectar la forma de gastar y manejar los cheles, volviendo una práctica común el utilizar el dinero como un medio de satisfacción momentánea cuando se atraviesan por momentos de angustia, tensión o desahogo fugaz.
Este comportamiento es nombrado como gasto emocional y no solo responde a una necesidad psicológica de aliviar presiones, sino que también toma influencia de la cultura del consumo que asocia la felicidad con las compras.
Más se advierte que este vínculo entre las emociones y la gestión del efectivo puede provocar conductas de riesgo a largo plazo al crear un círculo vicioso donde la estabilidad emocional depende de lo que compramos.
Tu relación con el dinero
Al analizar el impacto que tiene el presupuesto en la vida diaria, la guía recomienda realizar un autoanálisis con preguntas claves que inviten a reflexionar sobre cómo las vivencias personales y los mandatos sociales moldean la manera en que se gestionan los recursos económicos.
Hacernos conscientes de nuestras emociones y de los patrones de conducta que asumimos con la cartera es fundamental para nuestra seguridad financiera y emocional.
«Muchas veces, nuestras decisiones económicas no responden a la lógica, sino a emociones como miedo, ansiedad o deseo de aprobación, lo que puede llevarnos a hábitos perjudiciales como el exceso de deudas o la falta de ahorro”, reflexiona el escrito.
Como consecuencia, reconocer este patrón permite identificar las creencias limitantes respecto al dinero, romper ciclos dañinos y asumir una administración más saludable alineada con metas reales.
Herramientas
Más allá de reconocer la relación con el dinero la guía señala algunas herramientas útiles para lograr un equilibrio emocional y financiero como:
Organizar ingresos: Define porcentajes específicos para los gastos fijos y ahorro personal es el primer paso para una vida financiera sana.Identificar patrones: Llevar un control de gastos y emociones resultará conveniente para comprender los hábitos financieros con decisiones más inteligentes.Crear estabilidad: Una planificación financiera tomando en cuenta lo que puedes controlar, lo que puedes influenciar directamente y lo que no puedes evitar reducirá la ansiedad.Normalizar la terapia: Hablar de las deudas y el dinero en sesiones psicológicas, ya sea individual o de pareja, permitirá mejorar la relación con el bolsillo.























