Nacido y forjado en la humilde Villa Los Almácigos, en el corazón rural de República Dominicana, fue el mayor de cinco hermanos y asumió desde niño responsabilidades propias de un adulto, mientras su madre, una guerrera soltera, se fajaba en los mercados de Santiago Rodríguez para sostener el hogar.
Infancia de SacrificiosSu infancia estuvo marcada por kilómetros de sacrificio a pie para asistir a la escuela, madrugadas ordeñando vacas, trabajos en un conuco, así como el cuidado diario de sus hermanos.En medio de esas jornadas de esas responsabilidades, el béisbol se coló primero como una distracción escuchada por radio, pues la precariedad económica no permitía tener televisión en casa.

En una entrevista exclusiva concedida a El Nacional, Acevedo relató que su increíble vínculo con el béisbol comenzó de manera tardía y casi accidental, al asistir a los llamados partidos de desafíos que se realizaban los domingos entre su comunidad y otras adyacentes.
Explicó que empezó a coger la pelota alrededor de los 16 años, sin previa formación ni aspiraciones profesionales, viéndolo inicialmente como un pasatiempo, hasta que comprendió que podía convertirse en una increíble oportunidad de vida.
Primeros Pasos de HéroeSus primeros entrenamientos estuvieron marcados por enormes limitaciones. Recorría hasta 12 kilómetros a pie para poder lanzar algunos días a la semana y, cuando no había recursos para trasladarse a practicar, se quedaba en casa cumpliendo con sus deberes familiares. Aun así, su estatura, su brazo y su constancia llamaron poderosamente la atención de los cazatalentos, entre ellos Víctor Mata, quien años más tarde se convirtió en el scout que lo firmó para el béisbol profesional.
“Cuando me trajeron del campo a la capital enfrenté muchísimas frustraciones. Comentaban que era el que menos talento tenía, al punto de vivir humillaciones, lloraba de frustración porque decían que el que más trabajaba, era el que más avanzaba.
Pero no era así y oraba y le decía a Dios que no era justo si era el que más se esforzaba y no veía los resultados. Pero Dios me estaba preparando para algo grande, por eso hay que seguir y no rendirse ”, relató.
Acevedo fue firmado por los icónicos Yankees de Nueva York con un bono modesto, pero suficiente para iniciar una carrera que avanzó de forma acelerada. En apenas siete años pasó de no haber jugado béisbol organizado a debutar en las Grandes Ligas, tras un proceso de desarrollo físico que lo llevó de lanzar 88 millas por hora hasta alcanzar rondar las 100 millas por hora.



Lesiones que Ponen a PruebaNo obstante, el camino estuvo lejos de ser fácil. Las lesiones marcaron etapas complejas, especialmente en 2019, cuando una recaída física coincidió con situaciones personales difíciles que pusieron en duda la continuidad de su carrera. A pesar de ello, el respaldo de la organización y su disciplina personal le permitieron mantenerse activo y recuperar la confianza.
Su trayectoria también incluyó experiencias en el béisbol mexicano y en la vibrante pelota invernal dominicana, donde enfrentó alta presión, competencia intensa y constantes evaluaciones.
Con los Leones del Escogido logró uno de los momentos más importantes de su carrera al conquistar su primer campeonato en la Liga Dominicana, experiencia que definió como profundamente emotiva.
Reconocido por su fortaleza mental y su preparación integral, Acevedo resalta que su rendimiento no depende solo del talento, sino de un trabajo colectivo que involucra entrenadores, personal médico, acondicionadores físicos y una estricta disciplina en alimentación, descanso e hidratación.
Un Apunte
¡Del Diamante al Consultorio!Forjado en la disciplina del béisbol de alto nivel, Acevedo revela que su proyecto de vida no termina en el diamante, ya que aspira a estudiar medicina y especializarse en áreas vinculadas a la salud y la rehabilitación.
La frase
“Dios me estaba preparando para algo grande, por eso hay que seguir y no rendirse”
Mensaje InspiradorAcevedo también envió un mensaje a los jóvenes que sueñan con llegar al béisbol profesional, exhortándolos a no rendirse, confiar en sí mismos, escuchar a sus padres y mantener la fe, recordando que su propia historia demuestra que, incluso desde las condiciones más adversas, es posible abrirse camino en el deporte de alto nivel.























