Santo Domingo.- “¿Y el hijo para cuándo?”, “Se te está yendo el tren”, “¿Por qué no te has casado?”, “Dios lo quiso así”. Frases que se pronuncian por pura imprudencia, muchas veces sin intención de herir, pero que pueden causar daños emocionales en quien las recibe.
La psicóloga clínica Astrid Machado, advierte que estos comentarios fuera de lugar tienen un impacto real en la salud mental, especialmente cuando tocan temas sensibles como la maternidad, la soltería, la edad o los proyectos de vida.
“Es muy incómodo tener un momento en donde hay que dar explicaciones sobre algo que ni siquiera se sabe cómo justificar”, dijo Machado al Periódico El Día.
“El problema no es solo la pregunta, sino la carga emocional que tiene para la persona que la recibe”.

Cuando la presión social dominicana se disfraza de conversación
En la idiosincrasia dominicana, cuestionar decisiones personales forma parte del coro social. Sin embargo, lo que para uno puede ser una simple curiosidad, para otro puede representar una herida abierta.
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Machado comparte un ejemplo frecuente: “Cuando dicen ‘¿Y por qué no te has casado?’ y luego te casas y preguntan ‘¿Y por qué no tienes el primer hijo?’ y después ‘¿Y el segundo?’ Es un cuestionamiento tóxico”.
La especialista en bienestar emocional señala que, en la mayoría de los casos, estas preguntas no se hacen por maldad, sino por falta de empatía.
“No reconocemos el daño que puede causar el cuestionar este tipo de cosas. Y lamentablemente, en la cultura dominicana, ser imprudente no siempre está mal visto”.
El problema es que quien recibe la pregunta rara vez pone límites. “Usualmente el que recibió ese comentario no le dice al otro ‘mira, eso me hizo sentir incómoda’. Eso se calla y se acumula”, afirma.
¿Somos un número o una edad?
Otro punto abordado en la entrevista fue la presión relacionada con la edad y las expectativas: los 30 para casarse, los 40 para tener dinero, los 50 para redefinir la pareja.
“¿Somos un número?”, surge como pregunta inevitable para la sociedad actual.
La respuesta de Machado es contundente: “No somos un número. Tener metas altas está bien a cualquier edad. Lo que hace daño es caer en el irrealismo”.
La psicóloga advierte que muchas personas establecen listas rígidas de requisitos para pareja o empleo que, lejos de ayudarlas, terminan saboteando su felicidad.
“Mientras más exigencias imposibles yo tenga, más probable es que esté bloqueando mi propio proceso de conectar con los demás”.
Metas irreales y el autoengaño emocional
Las metas sobrevaluadas, explica, pueden ser una trampa psicológica peligrosa. “A veces ni siquiera estamos preparados para lo que estamos exigiendo”.
Cuando los estándares son inalcanzables, funcionan como un escudo para evitar el compromiso. “Mientras más difícil lo pongo, es menos probable que pase, y así mantengo el discurso de que no hay hombres de valor, no hay mujeres serias, o que la situación está difícil”.
En ese sentido, los estándares extremos se convierten en un mecanismo de defensa que refuerza complejos negativos.
“Si crees que la gente no sirve, te pondrás reglas para que eso se cumpla”, explica. “No es que falten personas valiosas, es que tu mente no las deja entrar por culpa de tantos requisitos”.
El dolor invisible de la infertilidad
Uno de los ejemplos más fuertes es el de mujeres en tratamientos de fertilidad que sufren en silencio mientras reciben preguntas constantes sobre cuándo serán madres.
“Cada vez que alguien preguntaba eso, ¿tú no te imaginas el golpe emocional que sentía?”, relata Machado al compartir su vivencia personal. “Aunque por fuera pusiera una sonrisa”.
Para la psicóloga, ahí radica el peligro, en la falta de comunicación posterior.
“El otro no sabe cuánto te hirió. No existe una conversación que aclare las cosas”.
Ese silencio, explica, permite que la comunicación dañina se mantenga en el tiempo.
“Si nadie pone un stop, la gente seguirá siendo imprudente”.
Conversaciones valientes que sanan relaciones
Machado plantea que la solución no es el rencor, sino aprender a poner límites con asertividad.
“Si una relación te importa, vas a buscar la forma de tener una conversación necesaria aunque sea incómoda”, señala.
“Decirle al otro: ‘Mira, este tema es muy personal para mí. Te pido, por favor, que no lo toquemos más’”.
Para la especialista, poner límites es un acto de amor propio y de respeto hacia los demás.
“Si no dices que te dolió, el resentimiento va a dañar el vínculo para siempre”.
El respeto y el silencio en el duelo
Las preguntas incómodas también aparecen en los momentos de pérdida.
En los velorios, frases como “¿De qué murió?” o “Fue la voluntad de Dios” pueden ser muy invasivas y poco empáticas.
“A veces no hay que decir nada”, afirma Machado.
“Socialmente creemos que estamos obligados a hablar, pero un abrazo o estar presente vale más que mil palabras”.
En situaciones de luto, explica, añadir explicaciones o teorías solo aumenta la carga emocional del doliente.
“Esos comentarios solo añaden peso a un dolor que todavía no se puede procesar”.
Salud mental dominicana: Educar para empatizar
Machado destaca que los medios de comunicación son clave para crear una sociedad más consciente.
“El rol principal de los medios es educar a la población”.
Educar implica cuestionar esas costumbres dominicanas que afectan la salud mental colectiva.
Preguntar menos y escuchar más. Opinar menos y acompañar más. Entender que cada persona vive una batalla que los demás desconocen.
“Hay temas que son sagrados y personales. No todo se pregunta. No todo se comenta”, concluye.
Porque, aunque las preguntas parezcan inocentes, el impacto emocional puede ser devastador. Aprender a comunicarnos con sensibilidad es el primer paso para cuidar nuestra salud mental y la de nuestro entorno en RD.























