Por Manuela Mesa
En 2025, celebramos 25 años de la histórica Resolución 1325 de la ONU sobre Mujeres, Paz y Seguridad. Este hito fundamental reconoce el liderazgo de las mujeres como constructoras de paz. La Resolución destaca el impacto devastador de los conflictos armados en mujeres y niñas, denunciando la violencia sexual como arma de guerra. Insta a la comunidad global a prevenir y proteger contra estas atrocidades. Un logro impulsado por la sociedad civil y organizaciones de mujeres, que lucharon por la perspectiva de género en la agenda mundial.
Esta agenda política ha impulsado el compromiso gubernamental con la igualdad de género en conflictos y posconflictos. A lo largo de los años, 10 resoluciones complementarias han fortalecido áreas clave: la participación femenina en procesos de paz, su financiación y la rendición de cuentas.
Se han logrado avances cruciales. Primero, un marco normativo sólido, global y nacional, promueve la prevención de la violencia, la participación de las mujeres en la toma de decisiones y negociaciones de paz, y la protección contra la violencia sexual.
Un potente movimiento global de mujeres por la paz y la igualdad ha emergido, destacando su agencia como líderes de paz. Este activismo resuena anualmente en el Debate del Consejo de Seguridad sobre la Resolución 1325.
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La Resolución 1325 es una herramienta clave de incidencia para organizaciones de mujeres en zonas de conflicto. En Colombia, lograron un asiento en la mesa de negociación entre FARC y Gobierno. En Liberia, fueron centrales para el fin de la guerra y la elección de Ellen Johnson-Sirleaf como presidenta.
El proceso de esta agenda ha generado debates esenciales sobre seguridad, justicia de género, y la conexión entre patriarcado y militarismo.
Mavic Cabrera, de Global Network of Women Peace Builders, afirma: “La resolución es el instrumento más poderoso para las mujeres”. Por primera vez, el liderazgo femenino es clave para la paz. La Resolución 1325 ha globalizado el género, transformando la percepción de las mujeres: de víctimas a protagonistas de la paz, con herramientas y plataformas internacionales para la acción.
A pesar de los logros, persisten grandes desafíos. El marco normativo no ha mejorado drásticamente la vida de las mujeres en conflicto. La impunidad de la violencia sexual es un problema grave, y la participación femenina en la paz sigue siendo limitada. ¿Es posible una paz duradera sin las mujeres?
En segundo lugar, los Planes de Acción Nacionales (PAN) muestran debilidades clave: compromisos imprecisos, falta de presupuestos y desigualdad en su efectividad. Hay una clara brecha entre los ideales y la acción real en la implementación de la agenda MPS.
Asimismo, la falta de institucionalización ha causado retrocesos, afectados por cambios de gobierno y prioridades políticas en paz e igualdad.
Es crucial entender las implicaciones de integrar la perspectiva de género en paz y seguridad, especialmente en el diseño de políticas. A menudo, se percibe como mera inclusión de mujeres, sin transformar las estructuras de desigualdad y poder que las excluyen.
La Resolución 1325 aún no desafía las estructuras de seguridad masculinizadas, que priorizan la fuerza y la guerra sobre la resolución pacífica de conflictos y la diplomacia.
En este 25 aniversario, alarmantes movimientos reaccionarios amenazan los derechos de las mujeres y socavan el derecho internacional y humanitario.
La sociedad civil exige proteger integralmente los derechos de las mujeres: salud sexual y reproductiva, participación política plena y el derecho a una vida libre de violencia.
Asimismo, instan a promover el desarme, reducir el gasto militar y frenar la transferencia de armas si hay riesgo de violencia de género, crímenes de guerra o violaciones de derechos humanos, conforme al Tratado sobre el Comercio de Armas (TCA).
Conclusión: El Futuro de la Agenda Mujeres, Paz y Seguridad
Según el NGO-Working Group, la Agenda MPS enfrenta: falta de voluntad política, límites del Consejo de Seguridad, escasez de fondos y, crucialmente, bajo impacto en la vida de las mujeres en zonas de conflicto.
La sociedad civil sigue siendo esencial: impulsó la Resolución 1325, mantiene viva su agenda y exige rendición de cuentas, financiación y resultados concretos. Sin esta presión, la resolución perdería su fuerza.
Frente a retrocesos y amenazas a los derechos humanos, defender y revitalizar la Agenda Mujeres, Paz y Seguridad es hoy una prioridad urgente.























