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Madrid, 28 (EFE).- El máximo líder de Irán, Alí Jameneí, ha ejercido como el guía espiritual del régimen persa desde su ascenso en 1989, sumando casi 37 años de poder absoluto centrados en combatir a los «enemigos» de la revolución, con Estados Unidos como principal antagonista.
Este sábado, Donald Trump anunció la muerte de Jameneí tras los bombardeos conjuntos ejecutados por Estados Unidos e Israel, una ofensiva militar estratégica que habría acabado con la vida de 200 iraníes. Hasta el momento, el gobierno de Teherán no ha confirmado oficialmente el deceso del ayatolá.
Como comandante supremo de las Fuerzas Armadas, Jameneí concentraba un control total sobre el país, con aliados estratégicos dominando el Poder Judicial y el Parlamento iraní.
Ante la creciente amenaza de un magnicidio o golpe de Estado, Jameneí designó hace apenas una semana a figuras clave como posibles sucesores en la administración de Irán, destacando a Ali Lariyani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional.
Reconocible por su icónico turbante negro y barba blanca, el líder iraní logró un equilibrio político entre las diversas facciones del régimen desde que sucedió al ayatolá Ruholá Jomeiní el 4 de junio de 1989.
Nacido el 16 de julio de 1939 en la ciudad santa de Mashad, creció en el seno de una familia de clérigos chiíes bajo principios de austeridad y formación religiosa profunda.
Realizó estudios avanzados del Corán en Nayaf, Irak, y en la escuela teológica de Qom, formándose bajo la tutela de los grandes ayatolás leales a Jomeini en la Universidad de Teherán.
Desde los años sesenta, destacó como un activista radical contra el régimen del Shah Reza Pahleví, participando activamente en la insurrección armada de 1963.
Tras regresar a Mashad en 1964, sufrió múltiples arrestos por parte de la policía política del Sha hasta el estallido de la Revolución Islámica de 1979, que derrocó la monarquía y llevó a los clérigos al poder.
Integró el Consejo de la Revolución, el organismo transitorio tras la caída del Sha, y posteriormente ejerció como diputado en el primer Parlamento democrático de la nueva república.
Fue una pieza fundamental en el Consejo Supremo de Defensa durante la guerra entre Irán e Irak en 1980, ocupando cargos como comandante de los Guardianes de la Revolución y líder de la plegaria de los viernes en la capital.
A la muerte de Jomeini, quien lo consideraba su heredero ideológico, fue elegido sucesor en junio de 1989. En aquel entonces, se percibía como una figura de tendencia moderada que buscaba la apertura diplomática con Occidente.
En 1994, tras el fallecimiento del gran ayatolá Mohamed Alí Araki, Jameneí fue reconocido como la máxima autoridad espiritual del mundo chií.
Su mandato enfrentó crisis históricas, como las protestas estudiantiles de 1998 que exigían la laicidad del Estado y una reforma política profunda.
En 2022, la muerte de Mahsa Amini bajo custodia policial desató una ola de indignación global. Jameneí calificó las protestas como una conspiración extranjera, mientras la represión estatal dejaba cientos de víctimas mortales según denuncias de Human Rights Watch.
Con el estallido del conflicto entre Hamás e Israel en 2023, el líder persa intensificó su retórica contra el estado hebreo, calificando sus acciones militares en Gaza como un genocidio.
La tensión alcanzó su punto máximo en junio de 2025, cuando Israel lanzó ataques contra las instalaciones nucleares de Irán y realizó ejecuciones selectivas de científicos y altos mandos militares para frenar la bomba atómica. Jameneí prometió entonces una respuesta devastadora.
El 21 de junio, Estados Unidos se unió a la ofensiva bombardeando plantas nucleares estratégicas en Isfahán, Natanz y Fordo, golpeando el corazón tecnológico del régimen.
Tras permanecer oculto en búnkeres de alta seguridad, Jameneí fue visto públicamente por última vez en Teherán el 5 de julio, durante las vísperas de la festividad de Ashura, antes de los informes que hoy señalan su posible fallecimiento.























