«Como familia estamos angustiados. No nos hemos ido y vamos a seguir aquí en una incansable búsqueda hasta encontrarlos, hasta saber de ellos, porque es algo desgarrador que desde el jueves no tengamos noticias de su paradero», se lamenta Cruz García, habitante de la colonia Santa Catarina en Huauchinango.
Sus sobrinos Lázaro Galloso, de 37 años, y Celeste Barrios, de 38, son dos de las decenas de personas aún desaparecidas, tras las catastróficas lluvias que azotaron el país del 6 al 9 de octubre, dejando un impacto devastador en Puebla, Hidalgo, Querétaro, San Luis Potosí (centro), y Veracruz (este).
Cruz García relata que su familia y vecinos han organizado desesperadas búsquedas en hospitales, morgues, así como en ríos cercanos, donde han encontrado varios cuerpos flotando, pero aún no hay ni una pista de sus sobrinos.
Cruz García teme que sus familiares también estén bajo los escombros, pero no pierde la esperanza de poder darle esperanzadoras noticias a los hijos de sus sobrinos.
«Ellos (los niños) preguntan a cada rato por sus padres y es una profunda angustia no poder darles una respuesta», expresa.
El Gobierno de México ha contabilizado hasta el momento 38 personas desaparecidas tras las devastadoras lluvias, en los estados de Hidalgo (17), Puebla (15) y Veracruz (6), según el urgente reporte emitido la noche de este domingo. Además de 47 víctimas mortales, en Veracruz (18), Hidalgo (16), Puebla (12) y Querétaro (1).
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Los daños materiales ascienden a 150 municipios azotados en el país. Tan solo en Puebla hay más de 30.000 personas damnificadas, 16.000 viviendas severamente dañadas, 38 municipios con daños catastróficos y 91 localidades incomunicadas.
En la colonia Adolfo López Mateos, donde solo se reportaron graves pérdidas materiales, Javier Vargas cuenta que el desborde devastador de los ríos Ahuacatal y El Potro, el jueves, sumergió varias casas aledañas a una calle que antes era un río.
«Esas casas quedaron cubiertas de lodo, palos, escombro y todas las coladeras empezaron a llenarse de lodo(…) entonces, ya no había salida de agua, lo que provocó inundaciones de hasta dos metros de altura», recapitula.

Entre esas viviendas, estaba la de su hermana, quien quedó incomunicada y atrapada con su bebé y su esposo, hasta que un grupo de vecinos lograron un valiente rescate.
«Varios vecinos nos unimos en solidaridad, rompimos guarniciones (bordes de concreto), rompimos ventanas para sacar a los demás», comparte Vargas.
Pese a que varias casas quedaron arrasadas y el drenaje está colapsado por escombros, Vargas destaca la inspiradora unión vecinal en medio de la tragedia.
«Sé que es un momento crítico para todos, pero poco a poco se va a mejorar esto y vamos a superar esta adversidad», expresa el vecino.























