Por Leopoldo Castro
El pasado 9 de septiembre se cumplieron cinco años de la desaparición forzada del exvicepresidente de Paraguay Óscar Denis. Sus hijas han encabezado una incansable batalla para exigir al gobierno respuestas sobre su destino; sin embargo, en todo este tiempo las autoridades no han podido dar respuesta a su caso ni al del suboficial Edelio Morínigo, quien permanece retenido por la guerrilla desde hace once años. El responsable de ambos secuestros es el Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), un grupo insurgente de ideología radical que surgió en 2008. Según fuentes oficiales, cuenta con menos de quince miembros, aunque este reducido número ha bastado para desafiar al Estado paraguayo.
A cinco años de la misteriosa desaparición del exvicepresidente —un hecho que refleja la capacidad de acción de este grupo armado—, surge una pregunta inevitable: ¿cuál es el secreto de la longevidad del EPP? Una posible respuesta puede encontrarse al analizar sus estrategias de supervivencia territorial, lo que permite entender su naturaleza.
El Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP) emergió en marzo de 2008, un mes antes de que el ex obispo Fernando Lugo —candidato de la Alianza Patriótica para el Cambio— fuera electo presidente, poniendo así fin a más de sesenta años de hegemonía del Partido Colorado. Desde sus inicios, el EPP se autodenominó de ideología marxista-leninista y postuló la lucha armada por el poder político, al estilo de los movimientos que proliferaron en Latinoamérica durante la Guerra Fría. Sin embargo, su aparición en un contexto de apertura democrática lo convirtió en un enigma histórico, tanto a nivel nacional como internacional.
El departamento de Concepción, fronterizo con Brasil, fue el lugar donde el EPP comenzó sus actividades criminales. Esta región se caracteriza por una economía basada en la ganadería y la agricultura, y por registrar alarmantes niveles de pobreza: el 32% de su población vive en situación de extrema vulnerabilidad, solo superado por los departamentos de San Pedro y Caazapá (Instituto Nacional de Estadística, 2023). Además, mantiene un marcado aislamiento geográfico y simbólico respecto a la capital paraguaya. Estas raíces en la periferia son compartidas por el EPP con sus homólogos de Sendero Luminoso y las FARC-EP.
En cuanto al intento de control de la capital, el EPP no ha mostrado indicios de querer controlar Asunción. Ha consolidado su refugio y principal base de operaciones en la región norte del país, particularmente en los departamentos de San Pedro, Concepción y Amambay. Según declaraciones del gobierno paraguayo, este grupo armado se financia con secuestros de terratenientes, extorsiones a la población, así como el lucrativo negocio del narcotráfico de marihuana. Además, se le atribuye el reclutamiento forzado de niños para integrar sus filas.
Paralelamente, ha logrado una estrategia de captación de apoyo campesino, al presentarse como defensor frente a los abusos de hacendados de la zona, algunos de ellos de origen brasileño. Esto refleja una compleja dinámica de intimidación y supuesta protección hacia la población local, en una lógica similar a la de otras guerrillas latinoamericanas.
Respecto a la respuesta del Estado, en 2013 se creó la Fuerza de Tarea Conjunta (FTC) con el objetivo de contener al EPP e impedir que extendiera su radio de acción hacia zonas urbanas. Sin embargo, su despliegue en el norte del país ha sido cuestionado tanto por los escasos logros como por las escandalosas denuncias de abusos contra los derechos humanos en comunidades campesinas. Paradójicamente, estos abusos han terminado por favorecer a la guerrilla, al avivar la indignación ciudadana frente a las fuerzas de seguridad.
De este modo, el EPP no ha seguido el modelo de expansión geográfica observado en insurgencias como Sendero Luminoso o las FARC-EP. Si bien surgió en la periferia, todo indica que aprendió de la experiencia de otros movimientos y comprendió que buscar la centralidad habría amenazado su existencia; esto lo llevó a fortalecerse en las zonas rurales donde opera. Dicho rasgo también se puede entender en su contexto histórico: el EPP emergió cuando la Unión Soviética ya no existía como faro o modelo a seguir, lo cual acentuó su carácter marginal y periférico.
En cuanto a las fuentes de financiación del EPP, provienen de actividades que históricamente han sido empleadas por métodos tradicionales de grupos armados rurales. Sin embargo, en lo relativo al lucrativo negocio del cultivo de marihuana, en 2008 —año en que surgió la guerrilla— el World Drug Report de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito señaló que en Paraguay se cultivaba la mayor parte de la producción ilegal de marihuana en Sudamérica. Los departamentos de San Pedro, Concepción, Canindeyú y Amambay son los que han concentrado la mayor parte de esa producción, regiones clave para el EPP.
Con base en la propuesta de Ríos, se observa que el EPP adoptó una estrategia única al decidir permanecer en su lugar de origen: una zona que ya contaba con la clave del narcotráfico: la marihuana. Se ha adaptado a ese contexto, lo que lleva a plantear la siguiente duda: ¿Fue su asentamiento en la periferia una táctica o una estrategia para explotar desde un inicio los mercados ilícitos? Su tardía emergencia podría explicarse por la dictadura de Stroessner, el régimen más extenso de Sudamérica. Sin embargo, es sorprendente que aparezca durante una apertura democrática y la presidencia de un líder progresista.
El EPP ocasionalmente lleva a cabo ataques a fuerzas de seguridad y secuestros de personalidades relevantes, como el exvicepresidente Óscar Denis. Estas acciones le otorgan notoriedad, pero también implican peligros inherentes: la sobreexposición podría amenazar su existencia. Resulta crucial comprender al EPP y honrar la resiliencia de las familias de sus víctimas, pues la verdad debe ser revelada para que no caiga en el olvido. Asimismo, es necesario admitir la gran amenaza que el EPP plantea al Estado paraguayo y considerar que combatirlo únicamente desde una lógica contrainsurgente podría ser un error estratégico. De lo contrario, el fin del EPP no se vislumbra en el horizonte cercano.























