Willie Colón, el eterno Malo del Bronx, nació con el sabor en la sangre desde su cuna, cuando su abuela Antonia, la gran jefa de su vida, le enseñó el orgullo por sus raíces boricuas que luego llevó por todo el mundo con el sonido de la salsa pesada, esa que nació en los callejones de Nueva York y de la cual fue el principal arquitecto.
Durante sus cincuenta años de trayectoria musical, que arrancó con apenas 15 años, William Antonio Colón, el joven que sobrevivió al sur del Bronx en la turbulenta década de los 60, se convirtió en un todoterreno: músico, compositor, director de orquesta, arreglista, productor, cantante y hasta figura política de peso.
Hijo de esa época brava fue su primer palo musical, ‘Fuego en el barrio’, un tema donde narró la cruda realidad de los incendios en El Bronx para cobrar seguros, una denuncia social contra el maltrato a los latinos que hoy sigue vigente en la memoria colectiva, según recordó en una entrevista.
Colón fue un genio autodidacta que convirtió las vivencias de la calle en su universidad, creando un estilo único que revolucionó la música caribeña.
«El ritmo era mi oxígeno. La noche vibraba con los tambores, tanto que cuando se callaba la rumba en la calle nos preocupábamos; solo cuando volvía el cuero podíamos dormir tranquilos», confesó el legendario trombonista durante un histórico concierto en su barrio.
El arquitecto de la salsa mundial
El maestro del trombón fue la pieza clave para internacionalizar la bandera de la salsa con las Estrellas de Fania, logrando duetos históricos con figuras de la talla de Rubén Blades y el inolvidable Héctor Lavoe, además de producir éxitos para la reina Celia Cruz, todos bajo el sello de oro Fania Records.
La dupla explosiva con Lavoe, con quien grabó once álbumes inolvidables, consolidó en los años 70 el famoso sonido del barrio, un estilo que retumbó desde la Gran Manzana hasta cada rincón de la República Dominicana y el mundo, dándole una voz real a los latinos.
Junto a Lavoe inmortalizó ‘El malo’ (1967), el primer gran hit de la pareja, y ‘Cosa Nuestra’ (1969), álbum que incluye ‘Che, che colé’, un himno obligado en cualquier fiesta dominicana, además de joyas como ‘Juana Peña’ y ‘Te conozco’.
Insuperable es también ‘Asalto navideño’, el disco que puso a bailar a todo el Caribe integrando el cuatro puertorriqueño de Yomo Toro a la salsa urbana. Fue un éxito tan brutal que obligó al lanzamiento de un segundo volumen que sigue sonando cada diciembre.
La cima histórica con Rubén Blades
Su alianza con el poeta de la salsa, Rubén Blades, fue el junte más poderoso del género, donde las letras con conciencia social y el swing político se adueñaron de las listas de éxitos.
«La unión con Blades marcó su punto más alto como genio musical», asegura la crítica especializada sobre este junte que cambió las reglas del juego en la industria.
Fruto de esta colaboración nació ‘Siembra’ (1978), el álbum más vendido en la historia de la salsa, que contiene clásicos mundiales como ‘Pedro Navaja’, ‘Plástico’ o ‘Siembra’, canciones que son patrimonio de la cultura popular.
Colón admitió que su relación con Blades ha tenido momentos de tensión como en cualquier hermandad, pero que en los momentos decisivos de la historia, siempre han estado unidos por la clave.
El Malo, que nunca tuvo miedo de fusionar la salsa con ritmos modernos, brilló también como solista con producciones de impacto como ‘The Good, Bad and The Ugly’ (1976) y ‘Solo’ (1988), manteniendo el género vivo para las nuevas generaciones.
Con más de 30 millones de copias vendidas, su legado incluye himnos inmortales como ‘El gran varón’, un tema pionero sobre la realidad del VIH, además de éxitos como ‘Gitana’, ‘La murga’, ‘Piraña’, ‘Calle luna, calle sol’, ‘La banda’, ‘Idilio’, ‘Ah, ah, oh, no’ y ‘El día de mi suerte’, canciones que son parte del ADN musical dominicano.























