Un concierto acústico suele ser íntimo y pausado, con canciones transformadas para un formato distinto. A menos que seas Beto Cuevas.
Beto no presentó un acústico convencional; lo suyo fue puro rock sin guitarra eléctrica, dominando un Teatro Nacional abarrotado que a duras penas pudo contener las ganas de levantarse de sus asientos y romper el protocolo.
Más allá de su inconfundible voz, intacta tras 36 años de carrera, el escenario fue el gran protagonista. La sala Eduardo Brito se transformó en una catedral musical, consolidándose como un escenario de clase mundial para este tipo de producciones.
El juego de luces rozó la perfección. Cada movimiento de Beto o de su banda fue resaltado por quien el exvocalista de La Ley definió como un verdadero pintor de la iluminación. Desde azules melancólicos hasta amarillos brillantes, la atmósfera fue impecable.
La iluminación, lejos de opacar, potenció cada actuación de la banda de lujo que Beto armó para esta gira, la cual vino cargada de sorpresas.
Desde el inicio, el público quedó sorprendido al ver en el centro del escenario a dos percusionistas con instrumentos étnicos, quienes crearon un ambiente de ritual y sanación con incienso incluido. Beto reveló más tarde que se trata de dos talentosos artistas dominicanos con los que mantiene una estrecha amistad.
Tras el momento de conexión espiritual, Beto arrancó. En medio de la oscuridad, un foco brillante lo centró mientras el público estallaba en aplausos y ovaciones.
Con los primeros acordes de Día Cero, la energía se disparó. Beto, totalmente inspirado, no paró de cantar, bailar y conectar con un público dominicano que sentía cada palabra como propia.
Vuelvo, Paraíso, Intentar Amar, Hombre, Aquí… el recital fue un éxtasis total. El punto máximo llegó cuando Beto presentó a Javi Flores, una joven cantante que descubrió siendo juez en un programa de talentos en Chile, a quien calificó como dueña de una de las voces más hermosas de Latinoamérica.
Para los fieles seguidores de Beto Cuevas, la presencia de una figura femenina en sus acústicos es un guiño que genera altas expectativas, y Javi no decepcionó.
Junto a Javi Flores, Beto interpretó Todo es perfecto, demostrando una química vocal poderosa que complementó a la perfección el estilo del ex La Ley.
Más adelante, los músicos dominicanos regresaron para acompañar el tema La Luna, creando un trance colectivo donde el público se dejó llevar por la magia de los sonidos orgánicos.
La sorpresa de la noche llegó cuando el músico criollo tomó el micrófono para un cover de Enjoy the Silence, de Depeche Mode, que hizo vibrar los cimientos del teatro.
Sonaron los clásicos: Al final, Háblame, Mentira y, tras una breve pausa, el adiós momentáneo.
Ante el clamor popular, el ambiente cambió. Javi Flores quedó sola bajo un foco rojo, transformando su energía en un momento de pura melancolía.
Su interpretación de Creep, de Radiohead, fue sobrecogedora, provocando lágrimas silenciosas entre los asistentes dominicanos que quedaron cautivados por su voz.
Como cierre épico, Beto regresó al escenario para interpretar el himno El Duelo junto a Javi, regalando una versión que, aunque nostálgica para quienes recordamos el Unplugged con Ely Guerra, se siente fresca y necesaria.
Al final, solo queda hacerle caso al último consejo de la noche: No sufras más.






















