Los productores de Porto Rico confirmaron uno de los proyectos cinematográficos más ambiciosos y virales del cine caribeño reciente.
René Pérez Joglar, conocido como Residente, debutará como director de largometraje con un drama histórico épico ambientado en el Puerto Rico colonial del siglo XIX.
Bad Bunny asumirá su primer papel protagónico en la gran pantalla, acompañado por estrellas de Hollywood como Viggo Mortensen, Javier Bardem y Edward Norton.
La producción cuenta con el respaldo del realizador mexicano Alejandro González Iñárritu y el guión fue coescrito por Alexander Dinelaris, ganador del Premio Oscar por Birdman.
La trama gira en torno a José Maldonado Román, alias Águila Blanca, un revolucionario que luchó contra el colonialismo español a finales del siglo XIX.
El propio Residente declaró en un comunicado que la verdadera historia de Puerto Rico siempre ha estado rodeada de controversia y que la película es una reafirmación de identidad contada con la intensidad que la historia merece.
Pero antes de que comience el rodaje, la producción ya genera tendencia por una pregunta clave: ¿dónde se filmará? Según múltiples reportes de la industria audiovisual, Porto Rico se rodaría en República Dominicana tras no concretarse los acuerdos necesarios para filmar en la vecina isla. Ni la producción ni las autoridades puertorriqueñas han confirmado ni desmentido oficialmente esta información hasta la fecha.
La elección de locación no es un detalle menor en un proyecto cuyo eje conceptual es la identidad y la memoria histórica. Que una historia titulada Porto Rico término que alude a la imposibilidad de pronunciar el nombre original de la isla se ruede fuera de ese territorio añade una capa de lectura que difícilmente pasará desapercibida para el público dominicano y la crítica especializada.
El éxito dominicano
La posibilidad de que la producción se traslade a República Dominicana responde a una lógica de industria bien documentada. Desde la promulgación de su Ley de Cine (Ley 108-10) en 2010, la República Dominicana ha construido de forma sostenida el marco más competitivo del Caribe para atraer producciones internacionales.
La ley dominicana establece un crédito fiscal transferible del 25% sobre los gastos ejecutados en el país, exenciones de ITBIS para bienes y servicios de producción, y facilidades para la importación temporal de equipos. En 2023, el sector recibió inversión extranjera equivalente a RD$12.000 millones gracias a este esquema de incentivos.
Producciones como Arthur the King (2024), protagonizada por Mark Wahlberg, eligieron locaciones dominicanas como Samaná y generaron un impacto económico directo en transporte, hotelería y empleo técnico local.
Puerto Rico también cuenta con incentivos fiscales para el sector audiovisual. La Puerto Rico Film Commission ofrece un crédito del 40% sobre gastos realizados con residentes locales, con un tope anual que se ha buscado ampliar a 100 millones de dólares. Sin embargo, observadores del mercado coinciden en que el sistema puertorriqueño enfrenta limitaciones estructurales frente a la República Dominicana: capacidad de absorción limitada, tiempos de aprobación administrativos y la fragilidad derivada de eventos climáticos que han afectado la infraestructura de la isla.
Puerto Rico tiene una gran normativa de incentivos fiscales, pero fuera de dos grandes empresas no pueden absorber todo, señaló en declaraciones recogidas por la publicación especializada Audiovisual451 un representante de la industria dominicana. La comparación resulta ilustrativa del desafío estructural que enfrenta la isla para retener rodajes de gran escala frente al auge de República Dominicana.
Más allá de los números, la discusión sobre Porto Rico toca un nervio que trasciende lo logístico. El cine histórico no opera en el vacío: las locaciones aportan textura visual y memoria colectiva. República Dominicana comparte con Puerto Rico el clima caribeño, la arquitectura colonial y el paisaje costero, lo que la convierte en el destino fílmico ideal.
Residente ha construido su trayectoria artística sobre la base de un discurso comprometido con la identidad latinoamericana. Su ópera prima cinematográfica narra una historia de resistencia frente al desplazamiento. Que la producción pudiera verse obligada a desplazarse físicamente a suelo dominicano para poder existir establece una resonancia con los mismos procesos históricos que la película se propone examinar.
La elección de Bad Bunny como protagonista refuerza esta lectura. Residente ha explicado que buscaba a alguien que sintiera el dolor por su tierra con intensidad. Bad Bunny, que ha protagonizado eventos globales como una carta de amor a su origen, cumple ese perfil. Que la primera gran producción cinematográfica de ambos artistas se filmara en República Dominicana no invalida esa intención, pero rodea el proyecto de un debate cultural inevitable.
Una pregunta de fondo
El caso Porto Rico expone un problema que va más allá de una sola producción. Si un proyecto de esta envergadura con financiación internacional y el respaldo de Bad Bunny no logra consolidar las condiciones para rodar en su origen, la pregunta relevante es estructural: ¿qué condiciones necesita un territorio para retener las historias que hablan sobre él?
El cine no es solo patrimonio cultural. Es inversión directa para República Dominicana: equipos técnicos, proveedores locales, formación profesional, infraestructura y turismo cinematográfico. Cuando una superproducción se desplaza, ese impacto económico se desplaza con ella.
República Dominicana lo entendió hace más de una década y construyó un marco legal sólido para aprovecharlo. Puerto Rico tiene los instrumentos, pero enfrenta el desafío de consolidar la estabilidad operativa que las grandes producciones internacionales encuentran en Santo Domingo y otras provincias dominicanas.
El debate que ha generado Porto Rico antes de iniciar su rodaje demuestra que la película ya es un documento sobre su propio tiempo. La tensión entre intención artística, viabilidad industrial y soberanía cultural que rodea a esta producción es parte de la historia que el mundo quiere ver.
El inicio de rodaje de Porto Rico está previsto para 2026, con miras a participar en el circuito de festivales internacionales. La producción no ha confirmado oficialmente si las locaciones de filmación serán finalmente en República Dominicana.























