Tras nuestro análisis ‘¿Vuelve la Estanflación a Estados Unidos?’, el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, confirmó el 22 de agosto en Jackson Hole, Virginia, una inminente reducción de tasas de interés, priorizando el empleo sobre la estabilidad de precios actualmente. En efecto, el 17 de septiembre la Reserva Federal modificó la tasa de política en 25 puntos básicos, pasando de una banda de 4.25%-4.50% a otra de 4.0%-4.25%.
La decisión de bajar las tasas de interés de agosto fue validada por nuevas estadísticas del mercado laboral publicadas luego de esta fecha. En efecto, el 9 de septiembre la Oficina de Estadísticas Laborales publicó su Revisión Anual de Referencia (Annual Benchmark Revision) que cubre el año que termina en marzo del 2025. Dicha revisión tiene por objetivo alinear los datos de la encuesta mensual de empleo con datos más completos del Censo Trimestral de Empleo y Salarios (QCEW).
Los datos revelaron un deterioro laboral más severo de lo esperado, que antecede incluso a los aranceles de Trump. En efecto, para el año entre marzo 2024 y marzo 2025 se generaron 911,000 empleos menos de lo previsto, una drástica caída a solo 70,600 puestos mensuales desde los 146,500 estimados.
La crisis de empleo en la economía estadounidense evidencia una marcada desigualdad. Así, mientras la tasa nacional oficial de desempleo en agosto de este año fue de 4.3%, ella fue de tan solo de 3.7% para trabajadores blancos, mientras que los hispanos enfrentan un 5.3% y los negros un 7.5%. Por otro lado, la tasa de desempleo oficial solo cuenta aquellas personas que han estado buscando empleo en las cuatro semanas previas, sin embargo el subempleo a tiempo parcial para quienes buscan jornada completa alcanza el 7.8%.
El mercado laboral de EE.UU. muestra cambios estructurales profundos, con la Inteligencia Artificial como posible catalizador. Esto se refleja, por ejemplo, en una creciente dificultad para el empleo de recién graduados universitarios, tema que merece análisis futuro.
Mientras tanto, la inflación persiste, desafiando el objetivo de la Reserva Federal. Fue 2.7% en julio y ascendió a 2.9 en agosto, ambas tasas anualizadas. La tasa que excluye los elementos más volátiles, a fin de tener mejor idea de la tendencia, fue de 3.1% en agosto, similar a la de julio. Sin embargo, la inquietud de los hogares es real, pues renta, comida, salud y electricidad sufren aumentos muy superiores a la inflación general.
El costo de la renta escaló un 3.8% en agosto, su mayor alza desde 2011. Alrededor de la mitad de los inquilinos destinan más del 30% de sus ingresos al alquiler, un nivel insostenible.
En agosto, los alimentos encarecieron un 3.2%. Se proyecta que el servicio de salud se incremente en promedio entre 7 y 8% este año. El gas natural y la electricidad se dispararon un 13.8% y 6.2% respectivamente con respecto al pasado año. Los precios altos de 2022 y 2023 siguen inflexibles, sumándose a estos nuevos incrementos sectoriales.
La Oficina de Análisis Económico (Bureau of Economic Analysis) ha publicado su tercera revisión del crecimiento del PIB para el segundo trimestre de este año. La primera estimación fue de 3%, la segunda lo elevó a 3.3% y la última del 25 de septiembre lo subió a un robusto 3.8%. Esta cifra de crecimiento económico parece desconectada del deterioro del mercado laboral que describimos más arriba.
Pero si tomamos en cuenta que el consumo representa alrededor del 70% del PIB norteamericano y si anualizamos su crecimiento para agosto en el periodo 2023-2025 vemos que para agosto del 2023 su crecimiento fue 3.6%, para agosto del 2024 fue 2.8% y para agosto del 2025 ha caído a un preocupante 1.6%. Esta desaceleración del consumo explica en parte el deterioro laboral, agravado por la incertidumbre empresarial ante la caótica política arancelaria de Trump.
Es crucial señalar que el 10% más rico de los consumidores impulsó el 49.2% del consumo total en el segundo trimestre de 2025, un aumento desde el 48.5% previo. En esencia, la economía estadounidense hoy depende más que nunca de su élite rica.
En resumen: el desempleo crece, aunque no de forma dramática, y la inflación se muestra tenaz (el «sticky» de moda), resistiendo la meta de la Reserva Federal. Artículos esenciales del costo de vida familiar (renta, comida, salud, electricidad) siguen disparándose, superando la inflación general considerada por la Fed.
El consumo se desacelera pero no colapsa, sostenido por el 10% más rico gracias a Wall Street y el aumento de su riqueza (en papel). El 80% inferior solo logra mantener su consumo básico, lo que aviva el malestar económico general que desafió al gobierno de Biden. Se anticipa otra bajada de tasas de interés en la próxima reunión del Comité Federal de Mercado Abierto de la Reserva Federal el 28 de octubre.
El autor, doctor en economía, ha representado a la República Dominicana en el Fondo Monetario Internacional.























