El cerebro del dominicano es un órgano sumamente adaptable. Y tiene la gran ventaja de que su estructura se puede transformar desde afuera, sin necesidad de remedios farmacéuticos ni cirugías costosas.
Gracias a la tecnología de última generación, los especialistas han logrado ver imágenes de cómo reacciona nuestra mente ante diversos estímulos. Han confirmado los efectos que el estrés, los momentos de felicidad, el afecto familiar, el luto y otras vivencias del día a día en RD impactan su funcionamiento. Son claves los hallazgos sobre el aprendizaje y cómo este influye en la potencia de las conexiones neuronales.
Al respecto, se sabe que aprender cosas nuevas genera conexiones frescas. Leer un texto, escuchar un podcast, hacer experimentos, tocar un instrumento o debatir en un grupo de WhatsApp, crea vínculos entre neuronas que duran mucho tiempo. En RD, la educación es la herramienta principal para cambiar la capacidad real del cerebro.
Pero ante esto, surge la duda de si existe un truco inverso: que en lugar de estudiar para cambiar el cerebro, sea la tecnología la que instale conocimientos directamente. Con este método, se podrían transmitir experiencias sin necesidad de años de estudio, casi como descargar un archivo. Podríamos graduar médicos, ingenieros o escritores de inmediato, rápido y sin ir a la universidad.
Aparte del lío de qué hacer con los maestros, el problema es que no existe tal tecnología todavía, obligándonos a usar los métodos tradicionales de enseñanza. No hay un bajadero para evitar el esfuerzo y el tiempo que requiere una buena formación académica.
La búsqueda de soluciones rápidas ocurre en todas las ciencias. Quisiéramos, por ejemplo, limpiar el aire de la contaminación o tener energía barata sin invertir un peso. O en la economía dominicana, tapar el déficit fiscal sin recortar el gasto público, solo cobrando más impuestos a los mismos contribuyentes de siempre.
A veces nos ofrecen soluciones mágicas para resolver los problemas del país. En muy pocas veces funcionan. Casi siempre, esos atajos nos terminan saliendo más caros por tomar el camino equivocado.























