“Solo una despoblación total de cerdos permitirá su resurgimiento; no hay otra opción”, fue la contundente advertencia del experto en bioseguridad porcina, Carlos Trincado, al explicar que la Peste Porcina Africana (PPA) ha destruido prácticamente toda la producción nacional de carne de cerdo en la República Dominicana desde 2021.
Según sus declaraciones, la única salida para salvar el sector es eliminar la reducida población porcina que sobrevive, pues mantener el modelo actual solo condena a la industria local a una desaparición definitiva.
Aunque admite que el método es drástico, recordó que en 1978, cuando la PPA golpeó al país por primera vez, se sacrificaron 1.4 millones de animales. Actualmente, la industria es una sombra de lo que fue, con menos de 25,000 hembras reproductoras en todo el territorio nacional.
“Ustedes perdieron la soberanía y la seguridad alimentaria en la carne de cerdo. El país ya no es soberano en la producción de esta proteína, que es la segunda más consumida por los dominicanos”, alertó.
Asimismo, aclaró que el término “eliminar” no implica obligatoriamente el sacrificio, sino agilizar la salida de los animales al mercado para que los productores puedan recuperar su inversión a precio justo.
No obstante, fue enfático al señalar que en las granjas donde la PPA está activa, el sacrificio es una medida obligatoria e inevitable.
Tras el saneamiento, se deben desinfectar rigurosamente todas las instalaciones y mantener al país sin producción nacional durante un periodo de dos a tres años, garantizando que el virus sea erradicado por completo del ecosistema local.
Durante este tiempo, el abastecimiento del mercado nacional dependería exclusivamente de las importaciones.
Posteriormente, recomendó introducir cerdos centinelas en diversos corrales para monitorearlos con análisis de sangre durante seis meses, asegurándose de que la amenaza haya desaparecido antes de reiniciar la crianza formal.
Solo tras este riguroso control sanitario se podría comenzar, formalmente, con la repoblación de las granjas dominicanas.
Este plan de rescate tomaría cinco años, siendo, a su juicio, la única vía viable ante la crisis de producción actual.
Datos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) revelan que la crisis es profunda: mientras en el periodo 2018-2020 el país producía un promedio anual de 106,000 toneladas de carne de cerdo, para el 2025 las importaciones ascendieron a 96,122 toneladas, evidenciando una dependencia externa crítica.
“Antes, el 70% de la producción era de traspatio y el 30% comercial. Tenían 369 granjas comerciales y se enviaban 100,000 cerdos mensuales al matadero”, señaló el médico veterinario.
Las estadísticas son alarmantes: en los últimos cinco años, República Dominicana ha importado el 57% de toda la carne de cerdo traída desde Estados Unidos en las últimas dos décadas.
Las importaciones se dispararon en 2021 con 59 mil toneladas (US$150 millones), escalaron en 2022 a 86 mil toneladas (US$234 millones) y, en solo ocho meses de 2023, la cifra casi alcanzó las 100 mil toneladas, superando los US$300 millones.
La crisis ha generado pérdidas por US$700 millones, el desplome del 85% de las granjas comerciales y la pérdida de dos tercios de la población porcina nacional pre-PPA.
El director general de Ganadería, Abel Madera, confirmó a finales de 2025 que apenas el 27.5% del consumo de carne porcina es de origen nacional, debido a los estragos de la peste.
“Si este ritmo de importación se mantiene, seremos testigos de la desaparición total de las granjas comerciales organizadas, lo que traería consecuencias devastadoras para la economía dominicana”, sentenció el consultor de la FAO Europa.
¿Por qué falló el plan del gobierno dominicano?
Respecto a las medidas del ministro de Agricultura, Francisco Bencosme Espaillat, el experto calificó la estrategia como «sesgada», advirtiendo que aún existen brotes de PPA que no han sido detectados por las autoridades.
El gobierno propuso aumentar la producción en zonas libres de virus (como el Sur y el Este) para luego trasladar los animales bajo vigilancia y prohibir la crianza de traspatio.
Trincado descalificó esta idea argumentando que es un error garrafal pensar que los lechones mayores de 40 días son inmunes, cuando la PPA tiene una tasa de mortalidad cercana al 100% en animales de cualquier edad.
La PPA, originada en África en 1921, no tiene cura ni vacunas, y su alta resistencia ambiental y capacidad de contagio hacen que sea prácticamente imposible de controlar con medidas superficiales.
“Es una enfermedad hemorrágica mortal. Ese plan nació muerto porque no tiene sustento científico. No tienen una estrategia real; es un fracaso total”, concluyó el especialista.























