Con su genialidad característica, Gabriel García Márquez definió la gran realidad de nuestra América Latina y el Caribe: por un lado, la dificultad de ser comprendida internacionalmente y, por otro, una gran vitalidad e identidad que claman por ser reconocidas y valoradas en sus propios términos. Los ecos de esta reflexión persisten por un viejo laberinto desde hace ya más de cien años.
Habitada por más de 650 millones de personas, dueña del 15% de la superficie terrestre y una biodiversidad espectacular, somos una fuente indispensable de respuestas para los grandes desafíos globales. La región es un actor clave, por ejemplo, para la seguridad de alimentos, la transición a energía limpia, la protección de ecosistemas y la lucha contra la crisis climática.
Este potencial convive actualmente con un contexto global marcado por el repunte del unilateralismo y la fragmentación. Por eso, necesitamos que Nuestra América Latina y el Caribe genere nuevos espacios de diálogo que la ayuden a unir posturas, sumar influencia geopolítica y convertirse en una región con voz propia para aportar soluciones concretas.
Es precisamente para llenar esta necesidad que desde CAF impulsamos el Foro Económico Internacional América Latina y el Caribe 2026, que reunirá en Panamá, el 28 y 29 de enero, a siete líderes de Estado, dos premios Nobel de Economía y más de 2.500 expertos globales. Líderes políticos, empresarios, académicos y expertos reforzarán alianzas, establecerán las bases del progreso y posicionarán a la región como líder del desarrollo sostenible.
El Foro debe ser un espacio para ir más allá del diagnóstico y priorizar proyectos de gran impacto regional que trasciendan ciclos políticos. Debemos hablar de corredores bioceánicos inteligentes, de interconexiones eléctricas que aprovechen nuestro potencial renovable, y de una agenda digital común que garantice la soberanía de datos y universalice el acceso. La integración es un paso económico urgente para insertarnos en las cadenas globales de valor del siglo XXI.
Otro de los temas clave del Foro girará en torno a cómo aprovechar nuestras fortalezas competitivas, como el hecho de ser la principal reserva de biodiversidad del planeta y una potencia agrícola y de energía renovable. Se trata de exportar materias primas y también de liderar la transición hacia una bioeconomía circular, una agricultura climáticamente inteligente y una gestión sostenible de nuestros océanos y bosques. Debemos unirnos para atraer inversiones que transformen recursos en productos verdes de alto valor.
El potencial de la región convive con retos históricos pendientes, especialmente las relacionadas con el desarrollo social. El crecimiento no puede ser sostenible si no es inclusivo. Las grandes desigualdades que nos caracterizan son nuestro talón de Aquiles. Por eso, necesitamos profundizar en cómo construir sistemas educativos modernos, capaces de formar el talento que demanda un mercado en cambio constante, y en cómo diseñar redes de protección social modernas y eficientes. La inclusión financiera, la formalización laboral y el cierre de brechas de género y étnicas son inversiones estratégicas en productividad y estabilidad.
El multilateralismo regional debe demostrar su vigencia. El Foro Económico Internacional 2026 aspira a ser el lugar para hacer preguntas incómodas, examinar éxitos y fracasos, y escuchar ideas profundas. No buscamos una uniformidad de pensamiento, sino la construcción de una visión estratégica compartida. Porque, como bien sabemos, lo que nos une es mucho más que lo que nos separa.
En los tiempos actuales de conflictos y tensiones globales, necesitamos despertar la magia latinoamericana y caribeña para alinear nuestras posturas y proyectar a la región como un faro de soluciones para los grandes desafíos del desarrollo global.
El autor es presidente ejecutivo del Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe























