SAN FRANCISCO CHRONICLE.- Por fin, el cañonero dominicano de los Gigantes de San Francisco despertó y mostró su poderío en las Grandes Ligas.
El duelo decisivo de la serie del miércoles contra los Filis de Filadelfia se mantenía como un cerrado duelo de pitcheo durante las primeras cinco entradas, con escasa ofensiva de ambos conjuntos.
Entonces, el «Carita» Rafael Devers conectó un soberbio jonrón de tres carreras y 411 pies por el jardín central, encendiendo la chispa en un estadio que lucía apagado.
El estacazo de Devers fue la bujía que necesitaban los Gigantes para asegurar la victoria por 5-0 y conquistar su primera serie en casa con blanqueadas consecutivas.
Posteriormente, su sencillo productor en el octavo episodio puso el sello definitivo al triunfo.

Pese a un inicio de temporada titubeante para los Gigantes (récord de 5-8), los Filis, uno de los equipos más sólidos de la última década, no han podido ganar una serie en el Oracle Park desde 2013. La actuación del dominicano recordó por qué es la clase de superestrella capaz de definir partidos y series que el equipo dejaba escapar en el pasado.
No es el primer cuadrangular del año para Devers: la semana pasada, en una noche gélida contra los Mets, disparó otro descomunal batazo al sector más profundo del left-center. En aquella ocasión y el miércoles, su compañero Harrison Bader intentó ponerle la ya famosa máscara de unicornio, pero el criollo se negó a utilizarla en ambas oportunidades.
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Es la dinámica que ha intentado instaurar el equipo para celebrar los cuadrangulares en el Oracle Park. Sin embargo, no ha tenido gran éxito, en parte porque Devers es el único jugador que ha volado la cerca en casa y no se siente cómodo con dicha celebración.
«Sé qué tipo de bateador soy. No me desespero por los resultados», afirmó Devers. «Sé que, tarde o temprano, los números llegarán porque confío plenamente en mi talento».
Sus dificultades iniciales reflejaban el momento del equipo. Ansioso por encender los bates tras ser barridos por los Yankees, Devers ha estado «atacando la bola con una fuerza innecesaria», explicó el mánager Tony Vitello el martes. Por ello, Vitello lo bajó al quinto puesto en la alineación, un rol poco habitual para el estelar antesalista.
«Quiere sacar la pelota del parque porque tiene el poder para hacerlo, y está muy ansioso por ayudar», dijo Vitello. «Su deseo de triunfar para el equipo es grande. A veces intenta hacer demasiado con sus manos, pero su calidad es incuestionable».
La perspectiva de Devers ante este breve bajón trasciende cualquier preocupación externa. Durante su etapa con los Medias Rojas de Boston el año pasado, tuvo un inicio lento con 15 ponches en sus primeros cinco encuentros, para luego explotar con un promedio de .429 en sus siguientes turnos.
Desde que asumió la primera base, se nota más cómodo en el plato. No es fanático de ser bateador designado; prefiere mantenerse activo a la defensiva para conservar su ritmo mental. Esa fue una de las razones clave para aceptar el movimiento de posición desde su llegada a San Francisco a mitad de la temporada pasada.
«Me siento muy contento con la forma en que están saliendo las cosas este año», concluyó Devers, quien el miércoles retomó su lugar como cuarto bate y respondió con creces.
«Fue vital porque todos sienten su frustración en el dugout. Él es un jugador de élite y tiene la capacidad de controlarse», puntualizó Vitello. «Sus compañeros celebran cada swing porque conocen la magnitud del talento que tenemos en el terreno con él».























