INDIANAPOLIS (AP) — Michigan mostró su jerarquía y tuvo que sudar la gota gorda para conquistar el título nacional el lunes, logrando apenas dos triples en toda la noche, pero asegurando una victoria de 69-63 sobre un aguerrido y defensivo UConn.
Elliot Cadeau guio a los Wolverines con 19 puntos, incluyendo el primer triple del equipo, que llegó a los 7:04 del segundo tiempo. El segundo, convertido por el novato Trey McKenney a falta de 1:50, fue el zarpazo definitivo que le otorgó al conjunto del entrenador Dusty May, lleno de figuras del portal de transferencias, una ventaja de nueve puntos.
Como era de esperarse, UConn batalló hasta el pitazo final. Solo Ball encestó un triple para apretar el marcador a cuatro puntos con 37 segundos restantes, y tras dos tiros libres errados, Alex Karaban (17 puntos) de UConn rozó el aro en un intento de tres que pudo colocar el juego a una posesión de distancia.
Michigan sufrió bajo el tablero, siendo superado en rebotes ofensivos 22-12 por un conjunto de UConn que nunca bajó la guardia. Solo tras los tiros libres de McKenney, que elevaron el porcentaje del equipo desde la línea a 25 de 28, los Wolverines (37-3) pudieron iniciar los festejos por el segundo título en la historia del programa, el primero desde 1989.
Fue una noche de básquetbol al estilo de la vieja escuela.
“Si me hubieran dicho que tiraríamos tan mal, que nos dominarían en los cristales y que aun así encontraríamos la vía para ganar, no sé si lo habría creído”, confesó May. “Este grupo simplemente encontró el camino a la victoria durante toda la temporada”.
Michigan tuvo que fajarse por cada punto. Los Wolverines fallaron sus primeros 11 disparos de tres, terminaron con 2 de 15 desde larga distancia y triunfaron a pesar de las limitaciones de su estrella, Yaxel Lendeborg. Lastimado de una rodilla y un pie, el jugador transferido desde la UAB aportó 13 puntos con una labor de 4 de 13 de campo.
A decir verdad, no fue la noche más estética para nadie.
El sueño de UConn de convertirse en el primer equipo desde la dinastía de UCLA de John Wooden en ganar tres cetros en cuatro años se desvaneció entre problemas de faltas y una puntería errática.
El conjunto del coach Dan Hurley registró apenas un 30,9% en tiros de campo y falló sus primeros 11 intentos de triple en la segunda mitad.
Braylon Mullins, el héroe de la victoria ante Duke que selló el pase de UConn al Final Four, terminó con 4 de 17 de campo, aunque clavó un par de triples al final que mantuvieron el suspenso.
UConn (35-5) cubrió la diferencia de 6 1/2 puntos, y Hurley obligó a sus jugadores a permanecer en la cancha mientras se preparaba el podio para la entrega de un trofeo que no viajará a Storrs, sino a Ann Arbor.
El único consuelo para los Huskies es que lograron complicar el trámite, ralentizar el ritmo y obligar a Michigan a ganarles en su propio terreno de juego.
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Los Wolverines llegaron al torneo como una aplanadora que superó los 90 puntos en cinco triunfos consecutivos. No llegaron a los 70 en esta final, pero en cualquier sentido, fue la victoria más dulce, la que les otorga lo que ni siquiera los legendarios Fab Five pudieron lograr: un campeonato nacional.
Más allá del estilo, este fue un campeonato construido en la era moderna: el mejor equipo que el portal de transferencias pudo reunir.
Los cinco titulares de los Wolverines pasaron por otras universidades y todos, excepto Nimari Burnett, llegaron a Ann Arbor esta temporada. Su capacidad para transformar un grupo de talentos improvisados en un equipo campeón es la prueba del nuevo modelo del baloncesto universitario.
“Pueden llamarnos como quieran, pero somos el equipo que más duro trabaja”, sentenció Lendeborg. “Somos los monarcas del básquetbol universitario y seremos recordados como uno de los mejores de la historia”.























