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El 24 de mayo de 2004, la histórica tragedia del río Blanco marcó un antes y un después en Jimaní, borrando gran parte del sector Las 40 en una de las noches más tristes de la República Dominicana.
Han pasado 22 años desde aquella madrugada fatal donde las aguas arrastraron viviendas, recuerdos y cientos de vidas en la provincia Independencia, en la zona fronteriza con Haití.
Después de la medianoche, un estruendo aterrador alertó a los residentes: el río que todos creían inactivo se convirtió en una corriente devastadora que sorprendió a un pueblo entero durmiendo.
El río Soliette, conocido en Haití como una cuenca peligrosa que nace en La Selle, se transformó en el río Blanco al cruzar a territorio dominicano con una fuerza destructiva que llegó hasta el lago Enriquillo.
Las escenas de esa madrugada quedaron grabadas en la memoria colectiva del país. De muchas casas no quedó absolutamente nada, y cientos de familias fueron sepultadas por el lodo y los escombros.
Las cifras oficiales de aquel entonces reportaron al menos 400 dominicanos fallecidos y unos 300 ciudadanos haitianos arrastrados por la crecida, además de cientos de desaparecidos y heridos que cambiaron su vida para siempre.
En total, más de 600 familias quedaron damnificadas, dejando una huella imborrable en más de 3,300 personas que lo perdieron todo.
Auxilio, auxilio
Hace un año, un sobreviviente del barrio Las 40, conocido como Tatis, recordó el momento exacto en que su esposa le advirtió que el agua ya estaba dentro de su hogar.
Logró salvarse subiéndose al techo de una vivienda vecina junto a su esposa y su pequeña hija de apenas tres meses de nacida.
Lamentablemente, muchos de sus seres queridos no tuvieron la misma suerte, perdiendo a su abuela, sobrina y vecinos en medio del caos.
La gente voceaba auxilio, auxilio, ayúdenme, pero esa agua iba más alto que un poste de luz, recordó en declaraciones ofrecidas al canal de YouTube Chulo Wey TV sobre la magnitud del desastre.
Josefina Gabriela Niquel Bórquez relató cómo las intensas lluvias de ese día presagiaban una catástrofe que dejó al pueblo dominicano sumido en un dolor profundo y una oscuridad total.
Ella también recordó con dolor haber encontrado restos humanos de ciudadanos haitianos arrastrados por la corriente cerca de su casa, evidenciando la magnitud del impacto fronterizo.
Era un sector lindo
María Virgen Matos compartió el sufrimiento de buscar a su hija entre el lodo y la destrucción total de lo que era su comunidad.
Esto era un sector lindo, mucha gente buena, recordó con nostalgia.
Su determinación fue inquebrantable y se negó a abandonar el lugar hasta encontrar a su hija, quien milagrosamente sobrevivió y hoy, 22 años después, sirve al país como militar.























