La protección de niños, niñas y adolescentes no debe concebirse como una responsabilidad exclusiva de la familia.
Se trata de un deber social compartido, en el que la comunidad en su conjunto reconoce su papel en el cuidado, la protección y defensa de los derechos de la niñez.
La expresión “tus hijos son mis hijos” representa un enfoque de corresponsabilidad que invita a familias, tutores, vecinos, educadores y al Estado a asumir una actitud activa frente a cualquier situación que pueda afectar el bienestar y el desarrollo integral de la infancia.
La Ley 136-03 establece las bases legales para la protección de la niñez y la adolescencia. Sin embargo, la existencia de un marco normativo no resulta suficiente si no va acompañada de participación ciudadana, sensibilidad social y acción urgente.
La falta de atención y el silencio colectivo facilitan que situaciones de abuso, negligencia o violencia queden impunes.
Ser veedores de la niñez implica observar con responsabilidad, escuchar con atención y actuar de manera oportuna ante cualquier señal de riesgo. Supone también rechazar la normalización de conductas que atentan contra la dignidad y los derechos de quienes se encuentran en una etapa de especial protección.
Asumir una responsabilidad compartida en la protección de la infancia es una tarea urgente y permanente. Cuidar a nuestros niños y niñas no es solo un acto de solidaridad, sino una inversión social que garantiza un futuro más justo y seguro para el país.
El autor es presidente del Consejo Dominicano de Unidad Evangélica (CODUE).






















