Al celebrar este Jueves Santo la misa crismal, monseñor Carlos Tomás Morel Diplán, arzobispo coadjutor de Santo Domingo, alertó sobre la crisis de valores que enfrenta la sociedad dominicana, marcada por una profunda fragmentación social y la pérdida de confianza en las instituciones del país.
En una homilía centrada en la renovación de las promesas sacerdotales, el prelado reconoció la ardua labor de los curas en la República Dominicana y los instó a convertirse en referentes de esperanza ante los tiempos difíciles que atraviesa la población.
La Iglesia debe ser un refugio de paz donde los dominicanos encuentren consuelo, sanidad emocional y apoyo espiritual en medio de las adversidades, señaló el arzobispo desde la Catedral Primada de América.
Carlos Tomás Morel Diplán lamentó el dolor que sufren muchas familias dominicanas debido a la violencia intrafamiliar, los trágicos accidentes de tránsito y la frustración que generan las promesas incumplidas en el entorno social actual.
Debemos ser una iglesia de puertas abiertas que busque a los vulnerables, a las víctimas de las desigualdades sociales y que trabaje sin descanso por la restauración de nuestra sociedad, constantemente afectada por ideologías externas e intereses particulares, indicó monseñor.
El arzobispo recordó que el sacerdocio es, ante todo, una vocación de servicio que debe inspirar a todos los laicos a comprometerse con el bienestar del prójimo.
Cuando el sacerdote olvida su rol de servidor, corre el peligro de actuar como dueño de la comunidad, olvidando que su misión principal es acompañar al pueblo con humildad y entrega, puntualizó.
Desafíos actuales
El prelado identificó tres retos fundamentales que enfrentan los líderes religiosos en la actualidad: la sobreexposición en redes sociales, la presión mediática y la irrupción de la inteligencia artificial en la vida cotidiana.
Advirtió sobre el agotamiento físico y mental que sufren muchos sacerdotes, quienes ante la híperresponsabilidad actual se sienten obligados a responder a demandas sociales, administrativas y mediáticas que amenazan con desvirtuar su esencia pastoral.
Asimismo, alertó sobre el peligro de la inmediatez digital y la obsesión por la presencia constante en redes sociales, donde existe la tentación de confundir la visibilidad pública con el verdadero éxito de la evangelización.
El riesgo de medir el éxito pastoral por los seguidores, los likes o métricas de impacto, en lugar de valorar la fidelidad silenciosa y el trabajo real con la comunidad, es uno de los mayores peligros para la vocación hoy, sostuvo Carlos Tomás Morel Diplán.
Finalmente, analizó el impacto de la inteligencia artificial, tecnología capaz de ofrecer consejos o respuestas rápidas, pero incapaz de replicar la calidez humana de un sacerdote.
Ningún algoritmo puede sustituir la cercanía, la capacidad de acompañar en el duelo, llorar con quienes sufren o hacerse prójimo de los necesitados, concluyó, reafirmando que la misión de la Iglesia requiere un corazón humano, no una respuesta automatizada.























