A las 5:30 de la mañana arranca la jornada de monseñor Carlos Tomás Morel Diplán, el nuevo obispo coadjutor de la Arquidiócesis de Santo Domingo desde el 10 de noviembre de 2025, tras ser designado por el papa León XIV en octubre de ese mismo año.
Luego de que monseñor Francisco Ozoria Acosta solicitara un apoyo para la sucesión, el nombramiento de Morel Diplán sacudió el ámbito eclesiástico por ser uno de los obispos más jóvenes en edad y trayectoria ministerial en el país.
Tras una hora de oración y chequear las noticias nacionales, inicia su labor en la capital dominicana, una metrópolis que este sacerdote de Moca define como un territorio inmenso, demandante y con realidades sociales muy complejas.
Con 160 parroquias y más de 200 sacerdotes bajo su supervisión, los retos no son solo de gestión en la Iglesia, sino también por el impacto demográfico y los problemas sociales de los barrios dominicanos.
“Con la diversidad cultural y la crisis social de la arquidiócesis, mi meta es unificar a sacerdotes y laicos en un proyecto evangelizador que funcione, porque ahora estamos muy divididos”, afirmó en el Desayuno de Listín Diario.
Monseñor Morel Diplán recorre actualmente cada rincón de la capital para diseñar un plan de trabajo real. En su paso por la Primada de América, se ha sorprendido por el fuerte respaldo y cariño de las comunidades católicas que buscan esperanza en medio de las dificultades.
Entre los grandes problemas de Santo Domingo, destacó la hirviente desigualdad social. Criticó que apenas unos metros separan las torres de lujo que parecen de Manhattan de los barrios marginados, un contraste que dispara la delincuencia y los problemas de salud mental en la juventud dominicana.
“Es un reto enorme para la Iglesia y el Estado; los gobiernos deben buscar cómo manejar este desborde social porque no damos abasto para tanta gente pidiendo auxilio”, expresó ante el director Miguel Franjul y el subdirector Fabio Cabral.
El obispo vinculó la baja en las vocaciones religiosas con el descuido de la familia y la falta de figuras paternas en el hogar dominicano, lo que genera una juventud con frustración y nulo sentido de la autoridad.
Esta crisis de valores ha llegado a los tribunales. El prelado reveló que existen al menos cuatro demandas en la fiscalía contra colegios y profesores por simples llamadas de atención a estudiantes, como pedirles que se recorten el pelo, reflejando un conflicto creciente entre padres y escuelas.
Peligro por la cultura de lo fácil
La cultura de lo fácil, el dinero rápido y la riqueza sin esfuerzo es lo que más preocupa al obispo, viendo cómo muchos jóvenes dominicanos creen que esa es la única vía para progresar.
“Se ha pasado del ser al tener; lo que importa es aparentar riqueza sin importar el cómo”, sentenció Morel Diplán, advirtiendo que la globalización está acelerando una emancipación descontrolada de los hijos.
Apegado a sus raíces, monseñor Morel Diplán llama a diario a su madre de 90 años y exhorta a la juventud dominicana a valorar, cuidar y disfrutar de sus padres mientras los tengan presentes.
A los sacerdotes les advierte claramente: “si no tienes un referente familiar sólido, vas a fracasar y a desorientarte en el camino”, enfatizando que la familia es la brújula moral del país.
El arzobispo coadjutor insistió en que la Iglesia seguirá defendiendo los valores tradicionales para garantizar un mejor futuro y bienestar social en la República Dominicana.
Perfil mediador
Aunque prefiere el bajo perfil, Morel Diplán es recordado por su rol clave en el diálogo entre comunitarios de Sánchez Ramírez y la minera Barrick Pueblo Viejo cuando era obispo de La Vega, cargo que ocupó hasta su actual ascenso en 2025.
Criado en Licey al Medio, Santiago, una zona de fuertes luchas sociales, confesó que vivir esas protestas le dio la sensibilidad necesaria para entender el sufrimiento del pueblo y no ser un sacerdote de oficina.
“Vi muchas injusticias y maltrato policial contra mis compañeros en Licey; eso te marca y te impide ser indiferente ante la realidad dominicana”, confesó con firmeza durante el encuentro.
Su misión es ser la voz de los que no tienen quien los escuche en los barrios y comunidades rurales, concluyendo con un llamado a las autoridades para que tengan más sensibilidad y escuchen el clamor de la gente.






















