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El arzobispo coadjutor de la Arquidiócesis de Santo Domingo, monseñor Tomás Morel Diplán, hizo un llamado urgente a la feligresía para vivir la Cuaresma como una etapa de conversión auténtica y renovación espiritual profunda.
Durante la homilía del Miércoles de Ceniza, fecha que marca el inicio del tiempo litúrgico hacia la Pascua, el prelado explicó que la imposición de ceniza es un símbolo sagrado que invita a examinar el corazón y reconocer la fragilidad humana.
Morel Diplán destacó que este gesto representa penitencia, pero sobre todo una oportunidad de oro para fortalecer la fe cristiana mediante cambios concretos y testimonios de vida.
En su reflexión ante los fieles que colmaron la Catedral Primada de América, en la Zona Colonial de la capital, el arzobispo exhortó a los dominicanos a diseñar un proyecto personal de crecimiento espiritual durante estos 40 días.
Advirtió que quien no establece un propósito claro puede ser arrastrado por la rutina, perdiendo la oportunidad de transformar su realidad espiritual.
“No se trata de cumplir una tradición más, sino de iniciar un camino serio de transformación”, afirmó monseñor Diplán al encabezar la ceremonia junto a sacerdotes, diáconos y líderes católicos.
El líder religioso resaltó los tres pilares de este tiempo sagrado: la oración, el ayuno y la limosna, prácticas fundamentales que fortalecen la relación con Dios y promueven la solidaridad con el prójimo.
El valor de escuchar
Diplán subrayó la importancia del silencio interior para conectar con la palabra divina.
“Vivimos saturados de ruido y distracciones. Sin silencio, es imposible escuchar a Dios o entender las necesidades de los demás”, reflexionó.
Finalmente, el arzobispo instó a dejar atrás el egoísmo y la indiferencia, siguiendo el sacrificio de Cristo, y animó a los creyentes a asumir compromisos firmes para alcanzar una vida cristiana más coherente y auténtica al término de la Cuaresma.





















