La economía dominicana está en mínimos. El Indicador Mensual de Actividad Económica (IMAE), que mide el pulso económico mensual, presenta un crecimiento de apenas un 2.0% en los primeros diez meses de 2025 en comparación con 2024. En octubre, el aumento fue de apenas un 0.2%.
Varios analistas culpan a las lluvias por el resultado de octubre. Las lluvias influyeron pero no son la única causa del freno. En ausencia de las lluvias y suspensión de labores, en octubre probablemente se iba a crecer entre 1% y 1.7%, una cifra alarmantemente baja. Es importante recordar que el crecimiento de agosto (1.5%) y de septiembre (1.1%) marcaba una tendencia a la baja.
La economía luce en una situación de estancamiento. Contrario a lo que se puede pensar, los países de América Central no enfrentan el mismo problema. ¡Al revés! Costa Rica (4.4%), Panamá (4.3%), Guatemala (4%) y Honduras (3.6%) nos superaron en crecimiento acumuladas a septiembre de 2025. Igual sucedió con El Salvador (3.8%) y Nicaragua (4.3%) acumulados a agosto de este año. Todos esos países se enfrentaron a altas tasas de interés internacionales y a aumentos de aranceles desde Estados Unidos.
Por ello, el problema dominicano no es solo por factores externos. Si así fuera, la región mostraría resultados igual de bajos, cuando históricamente República Dominicana siempre ha liderado el crecimiento. En los países mencionados, el consumo privado y público mantuvieron un pulso positivo y dinámico; aunque algunos sectores se contrajeron (como construcción privada e industria), otros compensaron con grandes expansiones (agropecuaria, servicios financieros, transporte y almacenamiento, y inversión pública).
En República Dominicana, en cambio, la debilidad es más profunda: débil consumo privado, escasa inversión pública y freno en la formación bruta de capital.
Ante este panorama, la pregunta clave es si lo que se ve en 2025 (que también sucedió en 2022) es una crisis temporal o una tendencia peligrosa.
En 2025, la frenada económica se debe a poca inversión pública y muy centralizada en unos pocos proyectos de transporte o agua potable, así como la actividad privada se resintió tras el anuncio de la reforma fiscal de 2024.
La clave es aumentar la inversión en obras públicas de alto impacto social en cientos de comunidades del país, y usar las tasas de interés más bajas para impulsar la demanda.
En el largo plazo, sin embargo, el panorama es preocupante. El crecimiento potencial –la tasa de expansión sostenible de una economía– bajó de un 5% a entre 4% y 4.5%. A menor crecimiento potencial, significa que la economía tiene menos opciones de aumentar su producción a futuro. Para elevarlo, ¡Urge un paquete de reformas!
La principal quizás sea una reforma educativa real, para tener mejores profesionales y atraer inversión industrial. También se requiere un sistema fiscal que impulse obras de desarrollo, así como resolver problemas clave como el déficit financiero eléctrico.
Sin esas reformas, la economía dominicana corre el riesgo de terminar como un carro sin batería: puede avanzar, pero en algún momento se detendrá y no arrancará sin ayuda. ¡El tiempo se acaba!























